Acerca de la huelga general y el gremio de prensa

 La jornada del jueves 10 de abril se cristalizó en una masiva huelga general en todo el país. Fue un paro contra la política del gobierno nacional que apunta a que la crisis la paguemos los trabajadores. Fue un pronunciamiento contra el ajuste enquistado en la devaluación, los tarifazos, la escalada inflacionaria, los techos paritarios, los salarios de miseria a los jubilados.

 La jornada del jueves 10 de abril se cristalizó en una masiva huelga general en todo el país. Fue un paro contra la política del gobierno nacional que apunta a que la crisis la paguemos los trabajadores. Fue un pronunciamiento contra el ajuste enquistado en la devaluación, los tarifazos, la escalada inflacionaria, los techos paritarios, los salarios de miseria a los jubilados.

 Los defensores del gobierno de Milani y el Club de París pretendieron deslegitimar el paro general aduciendo que era convocado por las burocracias de Moyano y Barrionuevo, ocultando detrás de ese argumento su apoyo al gobierno K, con ajuste, tarifazos y golpe inflacionario incluidos. Porque es justamente contra eso que pararon millones de trabajadores en todo el país.

Las centrales sindicales de la CGT y la CTA opositoras convocaron con retraso al paro (dejaron pasar los 17 días de huelga de los docentes bonaerenses) y sin movilización porque su objetivo fue que actuara como una válvula de escape de la bronca que anida entre los trabajadores, ligado a alcanzar algún acuerdo con el Gobierno y sin buscar la derrota del plan de ajuste, al mismo tiempo que para levantar las acciones políticas de la patronal que disputa la sucesión de los K. Los piquetes fueron el legítimo método de lucha —en el que participamos como Naranja de Prensa— para darle un carácter activo a un paro dominguero llamado por la burocracia.

En un comunicado dado a conocer el día anterior a la medida, los compañeros de la Gremial de Prensa dicen que la agrupación “no adhiere al paro convocado para el 10 de abril por organizaciones sindicales con las cuales no comparte ningún criterio”, como así tampoco a “la extorsión a través de piquetes y medios de transporte que impiden la movilización habitual al trabajo y mucho menos el acompañamiento que parece tener por parte de organizaciones patronales como la Mesa de Enlace, entre otras, y medios hegemónicos”.

Calificar de “extorsivos” a los piquetes es un rumbo político que no tiene retorno, que se opone a una tradición centenaria de los trabajadores de todo el mundo –que las propias direcciones sindicales peronistas han llevado adelante innumerables veces a lo largo de las últimas décadas- y que hoy sólo ata más el discurso del gobierno nacional al del derechista Macri.

Se debe señalar que en cada marcha del gremio de prensa se producen cortes de calles que garantizan la movilización por nuestras reivindicaciones. ¿Debemos considerar, entonces, que fueron acciones extorsivas de los compañeros? Más aún, al calificar de “extorsivos” a los piquetes —que son parte del derecho fundamental a la protesta—, La Gremial de Prensa está, también, repudiando el piquete realizado en la puerta de Perfil, en diciembre pasado, que formaba parte de la larga lucha por la reincorporación de los despedidos de la Editorial.

Y qué decir de la “extorsión” en el caso del paro en los medios de transporte, que “impide” que los quieren ir a trabajar lo hagan. ¿Entonces los compañeros de esos gremios no tienen que parar?

Entre los trabajadores, el derecho fundamental es el de huelga, no el del carnereo. Por eso tienen un carácter profundamente antisindical y, por lo tanto, opuesto a los intereses de los trabajadores las posiciones que plantearon algunos delegados de defensa del “derecho al trabajo” y de pedir a las patronales que garanticen los medios para que los compañeros pudieran ir a trabajar. ¿Entonces, una asamblea vota un paro y después cada trabajador hace lo que quiere?

La fuerza de los trabajadores está en su accionar colectivo. Los planteos de que las decisiones deben ser individuales las levantan las patronales. Son ellas las que siempre sostienen el “derecho” individual a “trabajar” frente a una medida de fuerza.

Ahora mismo, frente a la resistencia de los trabajadores de BAE y Crónica, la patronal patotera y oficialista de los Olmos dice que “la decisión de pasar de empresa” y someterse a la precarización es “una decisión individual”.

El argumento de no adherir a la huelga general porque la convocan “organizaciones sindicales con las cuales no comparte ningún criterio” es insostenible: recordemos que en los paros de los trabajadores de prensa coincidimos el Plenario de Delegados y la nefasta burocracia que conduce la Utpba -que destruyó al gremio e incluso tiene su patota que le rompió la cabeza a un compañero- y eso no impidió a esa agrupación —ni a ninguna otra— impulsar la medida de lucha. Qué decir sobre la referencia a los “medios hegemónicos”, cuando es el gobierno nacional el que le dio 100 millones de pesos en los últimos cuatro años al oficialista Grupo Olmos, que envía patotas contra los trabajadores de prensa y quiere liquidar la organización gremial en Bae y Crónica. Es fundamental la independencia tanto de la Corpo como de la Korpo.

Es claro que se ha abierto un debate en el gremio sobre la necesidad de un paro general contra las medidas del gobierno. Saludamos estas discusiones porque ayudarán a clarificar una posición independiente de las patronales y del gobierno nacional, que es la garantía estratégica que tenemos los trabajadores de prensa —y en todo su conjunto— para enfrentar la crisis que quiere descargarnos la Rosada, y así darnos una salida que defienda nuestros intereses como clase. Por el contrario, la ausencia de una definición política de ningún modo es signo de fortaleza sino de una debilidad estructural y estratégica que es improcedente en esta lucha no sólo contra la burocracia de la Utpba o la de los Olmos, sino contra el ajuste que nos quieren imponer tanto el gobierno nacional como las patronales oficialistas y opositoras de prensa.

Moyano —en referencia  a los periodistas y al paro general — dijo: “Ustedes tienen que laburar”. Los trabajadores de prensa no somos observadores de la realidad sino parte activa del movimiento obrero y de su lucha, que se vio reflejada en la histórica movilización por las paritarias de 2013 y en su rebelión en las conciencias.

Por todo esto —y después de este masivo paro general— debemos tomar en nuestras manos esta pelea mediante el método de asambleas en cada redacción, discutir posiciones y darle una continuidad activa a la huelga, que no es otra cosa que luchar por nuestros salarios y reivindicaciones.

Si a este gremio no lo callan nunca más  es por su independencia de las patronales y del gobierno, la cual se expresó en la lucha de las bases en las paritarias. Sigamos desarrollando ese camino.

La Naranja de Prensa

14 de abril