Caso Nudler: Periodistas se disuelve, la UTPBA se retuerce

Como las viejas grabaciones de Misión Imposible, el jueves 11 de noviembre se autodestruyó en cinco segundos la Asociación para la Defensa del Periodismo Independiente, mejor conocida por su nombre de fantasía, Periodistas, una organización que, en el momento de su creación, se proclamó independiente de las cámaras de propietarios de medios y de las gremiales de trabajadores .

Como las viejas grabaciones de Misión Imposible, el jueves 11 de noviembre se autodestruyó en cinco segundos la Asociación para la Defensa del Periodismo Independiente, mejor conocida por su nombre de fantasía, Periodistas, una organización que, en el momento de su creación, se proclamó independiente de las cámaras de propietarios de medios y de las gremiales de trabajadores .

El escándalo de censura denunciado por el periodista Julio Nudler, contra su patronal de Página/12, fue el acta de defunción de la entidad y la prueba fehaciente de que, en realidad, sólo eran efectivamente independientes, o más bien distantes, de los trabajadores de prensa, no así de las patronales que los emplean.

Ante la primera denuncia que ostensiblemente afectó el interés de un propietario de medios y, a través de él, al gobierno de turno, financista y bombero económico de las patronales para las cuales fungían de plumas egregias el 80% de los integrantes de Periodistas, la organización simplemente expiró.

En su necrológica, Periodistas confesó que su tan mentada y fervorosa defensa del periodismo independiente no les merecía siquiera el desgaste de un debate entre sus integrantes, entre los que revistaba Ernesto Tiffenberg, director periodístico de Página y censor directo de la nota del compañero Nudler. “PERIODISTAS no nació para perder el tiempo en luchas internas , dijeron en su estertor quienes, tras la renuncia de varios de sus miembros, eran los últimos sobrevivientes de la asociación. Es decir que su predisposición al esfuerzo –no mancarse una “lucha interna” los retrata a medida- no estaba a la altura del objetivo que se habían trazado.

PERIODISTAS proclamó, al nacer, su “manifiesta diversidad de inclinaciones ideológicas, que garantiza el más completo pluralismo”, pero en la primera divergencia se rompió.

Cuando estalló el caso Nudler, el núcleo duro y directamente patronal de Periodistas trató de escabullirse por los techos con el expediente de que su estatuto fundacional los compromete a involucrarse en todos los casos en que los poderes públicos, directa o indirectamente, afectan la libertad de expresión de un periodista .

Es decir que este no sería el caso porque la decisión de censurar la tomó un privado.

Pero toda la denuncia de Nudler apunta a los poderes públicos, ya que el artículo que le levantaron mostraba que Alberto Fernández es un chorro. Por lo demás, una organización que circunscribe su lucha contra la censura sólo cuando ésta es ejercida por los poderes públicos es una organización en la que prima la vagancia, ya que en el mundo actual la principal arma contra la independencia periodística está en el monopolio patronal y privado de los medios de prensa.

Además, habrá que ver bien qué dicen esos estatutos, ya que en la página web de Periodistas, la entidad dice de sí misma que se propone efectuar un seguimiento de todo acto hostil, ya sea originado en los poderes del Estado o “en cualquier otra fuerza que intente restringir o menoscabar el rol que al periodismo”… Entonces, en qué quedamos…

La UTPBA, en cambio, no evidenció ninguna crisis, algo que por otra parte sólo afecta a organismos vivos. Salió rápidamente a expresar su solidaridad con el periodista censurado, repudió previsiblemente el hecho pero, nobleza obliga, se guardó la pluma de su secretario general, el licenciado Das Neves, para defender retorcidamente a la patronal de Página/12, con el mismo ángulo con el que los menemistas criticaban la lucha por el esclarecimiento del crimen de José Luis Cabezas: ustedes marchan ahora porque asesinaron a un fotógrafo, pero se olvida del caso de fulanito, o menganito .

La UTPBA se mostró molesta por la repercusión que tuvo este episodio con relación a otros y concluyó, entonces, que es posible hablar de censuras de primera, de segunda y hasta de décima . Sin embargo, como lo apuntó Carlos Gavetta, director de El Dipló, esta burocracia también tiene memoria selectiva, ya que hace cuatro años se mantuvo inexplicablemente pasiva ante el silencio de mantuvieron los principales medios nacionales frente al despido de la totalidad de la Comisión Interna de trabajadores de Clarín, que acababa de ser elegida en Asamblea .

Das Neves se enerva, además, contra la patronal de Perfil, pero justo cuando se trata de enfrentar a la de Página/12. En un texto farragoso y esquivo, el burócrata mayor de la UTPBA acusa a Fontevechia de hipócrita por ocuparse del caso de Nudler y le da vueltas y vueltas al asunto para caer en la más remanida de las tesis centroizquierdas, últimamente repetida por Luis D´Elía: no hay que ser funcionales a la derecha.

El último episodio relacionado con el caso Nudler ocurrió el domingo pasado. El ícono del periodismo anticorrupción en la Argentina, Horacio Verbitsky, destinó tres páginas del diario Pagina/12 para defender al secretario general de la Presidencia, Alberto Fernández y a Claudio Moroni, titular de la Sindicatura General de la Nación, destinatarios de las denuncias de la nota censurada, y denigrar a su cólega Julio Nudler con los procedimientos más repugnantes.

El “Perro” atribuye la nota del columnista económico a su resentimiento por haber contraído cáncer como fumador pasivo en la Redacción de Página/12. Verbitsky llega a decir que la nota de Nudler es un “conmovedor grito de desesperación y despedida”, para quien él reparte, magnánimo, la comprensión propia, la de los lectores y hasta la de las fuentes consultadas. El presidente del CELS cita voceros anónimos que, por respeto, lo que en este caso equivale a pena, no quieren refutar los argumentos del pobre de Nudler.

El artículo de Verbitsky deja ver, además, el interrogatorio policial al que ha sometido a Nudler para que le rinda puntillosa cuenta del sustento de su artículo, como un ombudsman pero tan sólo dos lectores, Fernández y Moroni.

El autor de Robo para la corona también le ahorra a ambos funcionarios el uso que pueden hacer a discreción de todo el aparato comunicacional estatal para defenderse y los limpia sumariamente con técnicas periodísticas ridículas: “Miembros del Club de Cultura Socialista (¿?) recibieron el testimonio de un abogado de seguros , quien dijo que conoce cómo vive Moroni y que está seguro de que no es corrupto”. No es Nudler quien se despide, es Verbitsky que está de vuelta.

Reiteramos nuestro compromiso de solidaridad con el periodista Julio Nudler.

15 de noviembre de 2004

Agrupación Naranja de Prensa

naranjadeprensa@yahoo.com.ar