Comienza el juicio contra la patota de la UTPBA que agredió a Tomás Eliaschev

Este miércoles 17 de noviembre a las 9 de la mañana comienza el juicio contra uno de los dos patoteros de la UTPBA que hace tres años atacaron brutalmente a nuestro compañero Tomás Eliaschev, cuando fue a reclamar el apoyo del sindicato ante el despido de un compañero.  La agresión se produjo en la sede misma del sindicato, a manos de un matón llamado Gustavo Vargas. El segundo patotero no pudo ser identificado, gracias al cobijo que le dio la burocracia. El juicio tendrá lugar en el Tribunal Correccional Número 1, secretaria 52, que subroga el juez Raúl García, en Lavalle 1638.

Este miércoles 17 de noviembre a las 9 de la mañana comienza el juicio contra uno de los dos patoteros de la UTPBA que hace tres años atacaron brutalmente a nuestro compañero Tomás Eliaschev, cuando fue a reclamar el apoyo del sindicato ante el despido de un compañero.  La agresión se produjo en la sede misma del sindicato, a manos de un matón llamado Gustavo Vargas. El segundo patotero no pudo ser identificado, gracias al cobijo que le dio la burocracia. El juicio tendrá lugar en el Tribunal Correccional Número 1, secretaria 52, que subroga el juez Raúl García, en Lavalle 1638.

El gremio de prensa, que se movilizó masivamente en repudio al asesinato de Mariano Ferreyra a manos de una patota de la Unión Ferroviaria, tiene una cita de honor para acompañar a Tomás en su reclamo de Justicia, que será el reclamo del gremio todo.

Las agrupaciones de trabajadores de prensa que luchamos contra la burocracia que conduce la UTPBA estaremos allí para manifestarnos contra  las patotas y a favor de la democracia sindical.

Los hechos

El conflicto en Perfil se extendía y agravaba y nadie del sindicato aparecía por la Editorial para apoyar la lucha. Al contrario, como no podían explicar su ausencia cara a cara con los compañeros, llegaron al colmo de arrojar volantes desde una camioneta atacando a los trabajadores, mientras estos hacían una asamblea para ver qué medidas tomar ante el despido de un  editor.

Eliaschev – en ese momento redactor de Perfil.com, actualmente de Veintitrés – se dirigió al sindicato para reclamar la ayuda. En vez de eso, recibió una paliza, golpes y patadas cobardes en el piso. Terminó en la guardia del Argerich, donde le dieron tres puntos en la cabeza. La movilidad de su ojo izquierdo se vio comprometida por unos días, ya que los golpes le produjeron la ruptura de la celdilla etmoidal. Por milímetros, podría haber sufrido una lesión permanente e incluso perder el ojo.

Luego de la agresión, desde la dirección del sindicato,  cuyo secretario general era Daniel Das Neves, procuraron cubrir el accionar de sus matones e interferir con el accionar de la Justicia. Primero negaron el hecho pero cuando las pruebas los abrumaban, entregaron a Vargas, que mentó la versión de un “mano a mano” entre colegas afuera del sindicato. La entonces secretaria de Derechos Humanos de la UTPBA, Lidia Fagale, actual secretaria general, también encubrió a los agresores.

Vargas y su cómplice no actuaron de manera aislada. Su ataque patotero tenía como transfondo a una burocracia desesperada, que hacía tiempo había pasado del abandono y la traición a las luchas del gremio, a hostilizar sus principales expresiones, como la pelea de Clarín en 2000, que terminó con la directiva de la Utpba expulsada de una asamblea, o la de Telam contra el multimedios de la Alianza, que declaró persona no grata a esa misma conducción. La misma política siguió ahora, primero abandonando a los trabajadores de Crítica y luego insultándolos, en la Asamblea de Junta Electoral trucha en la que se garantizó el armado del fraude para las últimas elecciones.
Vargas no salió de un repollo. Es la consecuencia de la burocratización.

Cuando las conducciones gremiales dejan de representar a sus asociados, se encierran en la defensa del poder sindical que creen ostentar, entonces apelan a cualquier método para defender su bunker y viven cada crítica o diferencia como un ataque; desde esa concepción la agresión física se convierte en una práctica habitual.

Del asesinato a la paliza, la graduación no es un límite ético, es sólo una cuestión de poder.Su bestialidad exhibe la reacción defensiva de una burocracia liquidada, que así como hace tres años casi mata a un trabajador, hoy ingresa afiliados truchos a una Asamblea para arrebatarle con trampa la minoria a la oposición en las elecciones.

LA GREMIAL, LA NARANJA, LA VIOLETA Y COLECTIVO DE TRABAJADORES DE PRENSA