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Convergencia, crisis capitalista y la orientación del nuevo periodismo

Por Daniel Mecca

En su “Carta abierta del director de El País a la Redacción del periódico”, publicada el 3 de marzo de este año, el responsable del periódico español —tomando como interlocutor a los trabajadores de prensa de ese diario— les escribe para explicar “la inminente transformación del diario en un medio esencialmente digital”.


Por Daniel Mecca

En su “Carta abierta del director de El País a la Redacción del periódico”, publicada el 3 de marzo de este año, el responsable del periódico español —tomando como interlocutor a los trabajadores de prensa de ese diario— les escribe para explicar “la inminente transformación del diario en un medio esencialmente digital”.


Antonio Caño, su director, escribe: “La revolución que afecta a los medios no ha concluido aún, el panorama es todavía muy confuso. La crisis, probablemente, no ha tocado fondo todavía. El trasvase de lectores del papel al digital es constante. Se puede dar ya por hecho que el hábito de la compra del periódico en el quiosco ha quedado reducido a una minoría. La mayoría de las personas, fundamentalmente los más jóvenes, buscan la información en otros soportes y la consumen de forma diferente”. Y concluye que llegó “el momento de la conversión en un periódico esencialmente digital”.

La ‘convergencia’

La expresión ‘convergencia’ tiene varias acepciones y una sola orientación: ajuste. Se la usa, por un lado, para referir a la integración del soporte papel y el digital en un solo redactor: el mismo periodista produce para ambos formatos, lo que potencialmente anula un puesto de trabajo. La convergencia es también la multitarea: con el desarrollo de las nuevas tecnologías, se le llega a pedir al periodista, por ejemplo, que use su teléfono celular para filmar una cobertura. Se impugnaría así el trabajo del camarógrafo. La multitarea amenaza oficios como el del reportero gráfico, el diseñador, el camarógrafo, entre otros.

Está en la propuesta del portal web, además, que el periodista deba escribir la nota, buscar la foto, recortarla, buscar el video, editarlo, etc. Se produce una intensificación del ritmo de trabajo por el mismo salario. Asimismo, la misma nota se reproducirá, por obra de un solo redactor, en los distintos canales y soportes que el holding tenga.

El nacimiento de las ‘punto com’

Con esa definición se fueron asentando los portales web, absorbiendo a periodistas jóvenes y entusiastas que hacía sus primeros pasos en el medio (precarizados en pasantías). Las ‘punto com’ nacieron sin límite de horario, con polivalencia de tareas y con los desconocimientos patronales del convenio de prensa. Son esas las definiciones estructurales que pretenden asentar en las redacciones de todos los diarios.

“La organización del trabajo en los sitios de contenidos de Internet sufrió un cambio drástico cuando se generalizaron los sistemas de publicación automática. Antes producir una nota era una tarea casi artesanal, para cuya confección convergían programadores, diseñadores y periodistas. Ahora se utiliza un procedimiento simple con plantillas de diseño predeterminado donde hay que cargar título, volanta, copete, texto y foto. La simplificación no liberó tiempo de trabajo al periodista para profundizar su tarea ni para acortar su jornada laboral. Se usa para eliminar puestos de trabajo y sumar actividades inéditas al propio redactor”, analizaba Leonardo Villafañe, de La Naranja de Prensa, ya en mayo de 2008. 

La convergencia como rescate capitalista

La política de la ‘convergencia’ no es producto del avance de la ciencia y la tecnología —como desarrolla el discurso patronal— sino que es el resultado directo de la crisis financiera capitalista (agudizada desde 2007 con el derrumbe bursátil) que también afecta a los medios de comunicación. Ante ese diagnóstico es que deben recurrir a un ajuste mayor dentro de las empresas de medios. Y no solo a partir de la convergencia, sino con medidas tradicionales como retiros voluntarios, despidos o cierre de publicaciones. Los grandes multimedios afrontan, en medio de la crisis, la reorganización capitalista de los medios, la caída de lectores y ventas de diarios y su propia obsolescencia en la forma de gestionar la comunicación social. La convergencia es el rescate capitalista de los medios.

En la naturaleza de este esquema hay un proceso de descalificación del oficio: anulación de especializaciones; nulos recursos para investigaciones; periodistas que ya no salen a la calle y escriben para todas las secciones. La eliminación de las especializaciones, en rigor, es una característica que se incorpora en la historia con la irrupción de la maquinaria.

Papel, web, publicidad y la experiencia histórica de la ciencia

La demora patronal en la supresión de la versión impresa responde, entre otros aspectos, a la aún imposibilidad de generar ganancias en la web como las que hoy le ofrece el formato papel. Lo describe el propio director de El País en su carta.

Sería un grave error, sin embargo, plantear una oposición al revolucionario desarrollo tecnológico (como el valioso uso que implican las redes sociales, los celulares y la dimensión de posibilidades que ofrece un portal web, etc). Este precioso capital que ofrece toda una experiencia histórica de la ciencia y la tecnología es utilizado por los dueños de los medios de producción para profundizar el lucro capitalista por sobre el asalariado.

Así lo explicaba Pablo Rieznik, en su libro “El mundo no empezó en el 4004 antes de Cristo” (Editorial Biblos, 2009): “El mundo del hombre de hoy es un mundo pleno de paradojas y contradicciones, porque en él se combinan por un lado la descomposición del orden social capitalista y una barbarie globalizada con, por otro, las manifestaciones de la capacidad por dominar y entender la naturaleza y el universo que no resiste comparación alguna con cualquier época pasada. Estamos inmersos en la paradoja y la contradicción; algo que siempre fue el estímulo del conocimiento y de la acción”.

El Sipreba y la nueva etapa en el gremio de prensa

El Sipreba, el nuevo sindicato de prensa, nació como reacción a la dirección de un sindicato (la Utpba) ausente de cualquier lucha en las redacciones y enquistado en el gremio desde hacía décadas. El Sipreba fue producto de la experiencia y de la maduración en la conciencia de las bases, que emergieron para ser protagonistas de su propia historia. Debe ser una tarea elemental de este nuevo sindicato discutir y tomar cursos concretos de acción ante el escenario descrito de las “nuevas tecnologías”. Será un norte que únicamente podrá ser concebido bajo la independencia de las patronales y del Estado.

Hoy las patronales están discutiendo ávidamente la orientación del periodismo en el espacio futuro. Los trabajadores de prensa también deben hacerlo.

Como programa mínimo, a la convergencia hay que oponerle el reclamo de acortar la jornada de trabajo (por el mismo salario), cuya intensidad —el aumento de la producción— se multiplica a medida que se impone este modelo. También la exigencia de puestos de trabajo para cubrir los nuevos roles que se crean en el periodismo.

Para aprovechar el enorme potencial periodístico de la web se necesitan formas integradoras de trabajo entre los diversos oficios que forman las redacciones (redactores, diseñadores, programadores, editores de fotografía, etc). Un escenario de estas características debe tener como base la libertad de expresión y una organización que imponga el respeto por los derechos y las reivindicaciones de los trabajadores.

Defender las condiciones gremiales de trabajo es también defender del lucro la calidad, creatividad e inspiración del oficio, bajo la comprensión general de que no existe ni puede existir la independencia de la prensa. Los grandes medios de la burguesía —aún cuando investigan al poder— accionan de acuerdo a los intereses políticos y económicos del periodo histórico en que se desarrollan, y operan desde la ilusión de la objetividad. 

Disputa por los contenidos editoriales y conclusiones

La libertad de expresión solo tiene como abanderada al trabajador de prensa, a su conciencia y su palabra. Esa palabra que debe imponerse para ser también parte de la discusión editorial de los contenidos. Eso ocurrió, por citar un caso, con los trabajadores de La Nación frente al editorial fascista sobre la dictadura. Las asambleas de base deben tener derecho en el medio que trabajan a fijar su propia posición editorial.

Son planteos transicionales. Debe discutirse, sin embargo, bajo qué forma política tendrá lugar el derecho a opinión no solo de los periodistas, sino de todos los que producen la riqueza cultural, informativa y espiritual en la sociedad. Así, el conjunto del aparato físico de los medios de comunicación debe ser público y la gestión a cargo no solo de los trabajadores de prensa, sino también de los trabajadores de la ciencia, el arte, el deporte, la cultura en general, de organizaciones políticas, sindicales, de derechos humanos.

Esa será la única garantía para proteger la libertad de opinión de la sociedad en su conjunto. Será la tarea final terminar con el monopolio capitalista de los medios (la liberación de la palabra del monopolio del capital), que buscan un beneficio privado y que mantienen, a su vez, un sistema de explotación económico, ideológico y social.