Convergencia de redacciones: el gremio de prensa está dispuesto a dar batalla

La patronal del Grupo Olmos confirmó a sus trabajadores que prepara un proyecto de “convergencia” de las redacciones de los distintos medios que edita. La idea es que Crónica, BAE, Democracia y los restantes productos, en soporte papel y digital, convivan en un mismo espacio. Los periodistas producirán sus materiales en forma indiscriminada, sin saber de antemano donde se publicará la nota. La consigna es que todos trabajarán para todos los productos, en cualquier soporte.

La patronal del Grupo Olmos confirmó a sus trabajadores que prepara un proyecto de “convergencia” de las redacciones de los distintos medios que edita. La idea es que Crónica, BAE, Democracia y los restantes productos, en soporte papel y digital, convivan en un mismo espacio. Los periodistas producirán sus materiales en forma indiscriminada, sin saber de antemano donde se publicará la nota. La consigna es que todos trabajarán para todos los productos, en cualquier soporte.

Algo similar se anticipa en Clarín. Las autoridades de la Redacción informaron mediante una carta que “toda la redacción trabajará sin importar el soporte final. Los textos podrán ir al diario impreso y luego enriquecerse con videos o audios para la publicación digital o al revés”.

Proyectos similares, con mayor o menor grado de desarrollo, se preparan en varios medios.

Estamos, entonces, frente a una política de conjunto de las patronales.

Aunque en muchos casos se trata de planes de larga data, el carácter general de la ofensiva, que promete incluso un efecto dominó, es indicador de que aspiran a producir un cambio drástico en los procesos de trabajo de los medios, en este caso de la prensa escrita.

Cuando las patronales apelan a la contraseña del “cambio cultural” están avisando que irán al hueso. Como dicen los capos de la Redacción de Clarín todo esto “implica un cambio cultural y también aprovechar mejor y de un modo más eficiente los recursos que disponemos”, es decir aumentar la productividad, producir más con el personal del que se dispone.

La convergencia o integración de redacciones es un proyecto vasto, que tiene distintos alcances. Ha habido distintos ensayos. Pero lo que distingue a los proyectos en danza es la insistencia en que la médula del asunto es que el periodista trabaje sin distinción del soporte donde se va a publicar su nota.

Esta cuestión va mucho más allá de los planes flexibilizadores contenidos en las apuestas por la multifunción y la polivalencia, que acompañan todas las estrategias de convergencia. Se trata de un golpe más profundo a la subjetividad del trabajador, a su forma de organizar su propio trabajo, su tiempo, en términos individuales y colectivos.

Si el periodista no conoce de antemano el soporte para el que trabaja, ¿con que plazo confecciona la nota? ¿En vistas de qué cierre? ¿Con el del diario de papel o con el de la web, que no tiene cierre, o que tiene un estado de cierre permanente, en realidad un “sin cierre” que abre paso a la producción continua, en línea, de una nota tras otra?

Es decir que el periodista habituado al papel perderá aún más control sobre aspectos claves de su proceso de trabajo, al tiempo que su jornada se hará internamente imprevisible. Cambiará su composición interna; no tendrá un cierre puntual en el horizonte, que pasará a ser digitado y administrado por la patronal a través de los jefes.

 La producción “para cualquier soporte” supone, además, una nueva vuelta de tuerca en la desintegración del oficio del periodista, para abaratarlo vía su descalificación.

La pérdida de la “unidad de concepción y ejecución” que está en el fondo de los procesos de dominación del trabajo bajo el mando capitalista promete profundizarse.

El trabajador, que ya no controla otros aspectos claves del producto de su trabajo, como la edición, contextualización gráfica, titulación e ilustración del artículo, cederá más saberes a la dirección patronal.

Se desprenderá, en este caso, de un aspecto central en la concepción y preparación de un artículo, como es planificarlo y luego darle forma en función del soporte y, más importante, el medio, sección o producto en el que se va a publicar.

Forma parte de las reglas del oficio incorporar esa dimensión. Ahora esto será enajenado. Se impondrá la necesidad de materiales estándar, una reversión de la elaboración más acabada de un artículo hacia una especie de condición de materia prima sobre la que una elite de edición edificará la forma final del artículo, con todos sus aditamentos.

Quiere decir que se profundizará la separación, mediada por nuevos eslabones de la cadena de producción, entre el hacedor primigenio de la nota y su forma final, acabada. Una nueva división del trabajo que fragmente todavía más el proceso y el conocimiento del trabajador, cuyas partes e instancias serán reunificadas por el mando patronal, que monopolizará el know how integral.

Va de suyo que si el conjunto de los periodistas produce a ciegas sin saber cuál será el destino inmediato de su trabajo, quedarán amenazadas todas las formas de la especialización. Con la desaparición de la idea de una tarea orientada a productos diferenciados pasará naturalmente a mejor vida la pertenencia del grueso de los compañeros a secciones, es decir que habrá una tendencia inevitable a la descalificación, es decir al abaratamiento de la fuerza de trabajo.

De ningún modo las patronales están pensando en  una convergencia o integración de las redacciones del papel y la web, sino que de lo que se trata es de la subsunción lisa y llana de la redacción del diario de papel a los ritmos, procesos y formas de trabajo de los “ciberperiodistas” en la web.

Se trata, básicamente, de someter el proceso de trabajo y a los trabajadores del diario en papel a un régimen típico de las “punto.com” periodísticas o de “contenidos”. No por casualidad estas hicieron punta de lanza con todo el menú flexibilizador utilizable en una redacción.

Fueron redacciones que nacieron bajo el reinado del horario sin límite, la ausencia de organización sindical, y por lo tanto del desconocimiento patronal del convenio. Los compañeros que eran conchabados en las “punto.com” fueron encuadrados en mercantiles o cualquier otro, ninguno en prensa. Ese proceso fue revertido con una lucha ejemplar de los trabajadores de los portales “punto.com” -en conjunto con el gremio de prensa- quienes no solo eligieron sus comisiones internas, sino que participaron este año de las históricas paritarias de prensa.

El proceso que se avecina, no sólo para Clarín y los medios del Grupo Olmos sino para el gremio en su conjunto, fue largamente preparado en esos lugares de  trabajo,  por años instalados en los suburbios  de las redacciones tradicionales. Allí los trabajadores de prensa y periodistas eran convocados para generar  “contenidos”, un ardid idiomático para escaparle al Estatuto del periodista y las categorías convencionales.

Desde la Naranja de Prensa convocamos al plenario autoconvocado de prensa escrita, radial y televisiva a que debata y tome en sus manos este tema, como así también a que se realicen asambleas en cada redacción donde se intente imponer este modelo general de precarización.

La política flexibilizadora de la “convergencia de las redacciones” está el centro de la escena, pero tiene frente a sí a un gremio dispuesto a dar batalla.