Editorial

Roberto Lavagna con voz estentórea, pero el Gobierno de conjunto, en demagógica voz baja, declaran que “deben controlarse los incrementos salariales para que la inflación no se desboque”. Esto cuando, desde la devaluación, han disminuido entre un 25 y un 30 por ciento los ingresos reales de los trabajadores en blanco y una cifra bastante superior los del 40% que trabaja en negro. Y esos son promedios estadísticos, porque los alimentos tuvieron aumentos superiores al 100% y los alquileres de más del 200 por ciento, cifras que dejan a la miseria el poder adquisitivo de los salarios.

Roberto Lavagna con voz estentórea, pero el Gobierno de conjunto, en demagógica voz baja, declaran que “deben controlarse los incrementos salariales para que la inflación no se desboque”. Esto cuando, desde la devaluación, han disminuido entre un 25 y un 30 por ciento los ingresos reales de los trabajadores en blanco y una cifra bastante superior los del 40% que trabaja en negro. Y esos son promedios estadísticos, porque los alimentos tuvieron aumentos superiores al 100% y los alquileres de más del 200 por ciento, cifras que dejan a la miseria el poder adquisitivo de los salarios.

El Gobierno también dice que no hay que aumentar las jubilaciones porque generan inflación, aunque el 94% de “nuestros queridos viejos”, como gustan decir los demagogos, cobra hoy menos de $1000 mensuales, es decir un 30% por debajo de lo que cuesta la canasta familiar. Y, mucho más grave aún, el 63% sólo recibe $350, un nivel de brutal indigencia.

Las voces de las patronales, por supuesto, son similares a las oficiales en materia salarial. Y esto pese a que el negocio editorial y, en general, el de los medios, ha mostrado un importante repunte tanto porque aumentaron la publicidad privada y las ventas, como porque el Gobierno se ha convertido en un importantísimo aportista a las arcas de la mayoría de las empresas grandes y medianas del sector, que por eso se desviven por mostrar los “grandes logros” de la gestión K, aunque el 40% de los habitantes esté bajo la línea de pobreza.

Prácticamente todos los diarios, las radios y los canales de televisión ven ingresar suculentos aportes publicitarios oficiales que les permiten acumular ganancias sin ningún esfuerzo adicional.

Pero a la hora de discutir aumentos de sueldos, desde los Mitre y los Saguier hasta los dueños del superoficialista Página/12, pasando por Fontevecchia, Hadad, Kraiselbur, Avila o Ramos, todos dicen que recuperar el valor perdido del salario es “imposible” porque se pone en peligro “la continuidad de las empresas”, que necesitan de la superexplotación de los trabajadores, con nueve, diez o doce horas de jornada laboral diaria para que sus medios “sean rentables”.

En ese contexto, no sólo no se sientan a discutir sino que se resisten fieramente a cualquier reclamo que, por mínimo que sea, requiere de una férrea lucha para conseguirlo. Así han sido todas las experiencias recientes en el gremio.

BASTA

Pero los trabajadores de prensa no aguantamos más. Los sueldos no alcanzan para llegar a fin de mes. La bronca en todas las empresas del gremio contra los patrones chupasangres es muy grande. Permanentemente saltan en uno y otro medio distintas manifestaciones de resistencia y de lucha por las reivindicaciones perdidas y, especialmente, por el salario. Diario Popular acaba de conseguir un aumento por una pelea conjunta de periodistas y gráficos; La Nación se ha puesto en pie también al calor de luchas conjuntas entre los trabajadores de ambos gremios por aumento de sueldos y contra los despidos y El Cronista está en un proceso de elección de delegados, luego de varios años de orfandad, porque los compañeros no aguantan más que los bicicleteen con los aumentos. Página/12 también salió a pelear y consiguió que les subieran los salarios. Télam está en conciliación luego de varias medidas de lucha por un pedido de incremento salarial del 40 por ciento. Los compañeros de la agencia protagonizaron, a su vez, una de las mayores conquistas políticas y gremiales de los últimos años cuando se movilizaron -más de 120 trabajadores- a la puerta de la UTPBA para exigir a los burócratas que habilitaran con su presencia (legalmente necesaria) la apertura de paritarias para discutir el aumento de salarios.

Todas esas empresas que salieron a pelear están entre las más grandes de prensa. Eso muestra la voluntad de lucha de un amplio sector del gremio.

Pero peleamos con desventaja. Es que las patronales discuten las estrategias en las cámaras. Se unen solidariamente a la hora de enfrentar a los trabajadores. Prácticamente ningún conflicto en el gremio se filtra a través de los medios. Hay una decisión sacrosanta de bloquear todo tipo de información que afecte a una empresa del sector. Y, sin duda, analizan juntos como enfrentar los reclamos de los trabajadores.

ORGANIZARNOS

¿Y nosotros?

Estamos sin un sindicato que tenga un mínimo de vida gremial. Con burócratas que viven de nuestros aportes, que jamás visitan una empresa y que han seguido y siguen como amantes primero y como despechadas después a prácticamente todos los gobiernos que pasaron por el país en los últimos años. Hoy kirchneristas críticos, (como la CTA, de la que forman parte) actúan como bomberos (siempre que pueden) de las luchas que protagonizan los trabajadores de prensa. Simplemente son una nulidad. Una nulidad enquistada en el aparato.

Respecto de los salarios la UTPBA no dice nada. En realidad nunca dijo ni hizo nada respecto del salario. Tampoco por las condiciones de trabajo que soportamos los trabajadores de prensa todos los días. Ellos no las sufren, porque están anclados a los sillones pregonando sobre “los males de la globalización” y organizando cursos, seminarios y grandes congresos internacionales que, dicho sea de paso, les permiten viajar por todo el mundo a costillas nuestras.

Así, la resistencia queda en las manos aisladas de los compañeros en cada medio. En esas condiciones, muchas empresas mantienen sueldos de miseria, avanzan sobre nuestros estatutos y convenios, explotan a supuestos pasantes que son trabajadores de tiempo completo, aprovechan la desesperación de los desocupados para incorporar trabajadores con salarios cada vez más bajos y pasan al archivo las seis horas y muchas otras conquistas que costaron años de lucha conseguir.

Hay que organizarse por el salario. Aumento del 40% como el Télam y $ 1.800 de mínimo. Por el respecto a los estatutos y convenio. Si se cumplieran las seis horas se abrirían fuentes de trabajo para todos los desocupados.

Necesitamos un sindicato. El activismo que está surgiendo en el gremio tiene que trabajar con la orientación de refundarlo. Cada lucha, cada paso en la organización de una empresa tiene que estar colocado en esta línea. El camino de la autoconvocatoria, base sobre la cual podamos marchar a un amplio agrupamiento del activismo, de los delegados combativos y de los trabajadores del gremio, es la mejor herramienta para no acumular nuevos sellos que no harán otra cosa que repetir a la UTPBA por su final, es decir ser una cáscara vacía que no representa más que sus propios intereses de casta.

Hay que fortalecer a la Naranja que es la agrupación que trabaja consecuentemente por esta perspectiva.

HOY MAS QUE NUNCA:

AUMENTO DE SALARIOS DEL 40% Y MINIMO DE $1.800

BASTA DE SUPEREXPLOTACIÓN

RESPETO A NUESTROS ESTATUTOS Y CONVENIOS

NO TENEMOS SINDICATO: HAY QUE REFUNDARLO

LA NARANJA DE PRENSA

23-7-2005