La Naranja de Prensa le contesta a Jorge Lanata

La Naranja de Prensa le contesta a Jorge Lanata

Bajo la forma de una carta abierta a Nelson Castro, el periodista Jorge Lanata lanzó el 9 de julio pasado en el dominical Perfil una serie de ataques contra la lucha de los compañeros de ese diario y la Editorial Perfil, quienes se encuentran en un plan de lucha por aumento salarial y otras reivindicaciones.

La Naranja de Prensa le contesta a Jorge Lanata

Bajo la forma de una carta abierta a Nelson Castro, el periodista Jorge Lanata lanzó el 9 de julio pasado en el dominical Perfil una serie de ataques contra la lucha de los compañeros de ese diario y la Editorial Perfil, quienes se encuentran en un plan de lucha por aumento salarial y otras reivindicaciones.

Lanata sostiene que “su problema” es que ve el asunto desde el lado del dueño de la empresa, Jorge Fontevecchia, lo que no hubiera sido necesario aclarar. Para el periodista tal empatía se sostiene en que ambos comparten la experiencia de “sacar un diario contra viento y marea, con casi todo en contra y sólo con los lectores a favor”.

Es decir que Fontevecchia ahora, y Lanata cuando fundó Página, vendrían a ser algo así como dos editores underground que reparten sus fanzines en fotocopias en el Parque Rivadavia.

Es absurdo. Jorge Fontevecchia es dueño de un emporio editorial que heredó de su padre y que incluye a dos de las publicaciones más vendidas del país. Se trata de un grupo multimedia que factura millones aquí y en el exterior, y que va por su segundo intento de lanzar un diario. La experiencia anterior Fontevecchia decidió darla por concluida insertando, entre gallos y media noche, un aviso en contratapa, a espaldas de sus trabajadores, que así se notificaron que no tenían más empleo.

Las indemnizaciones y reincorporaciones que, dentro de la Editorial, se vio obligada a propiciar la empresa fueron el resultado, no de la magnanimidad de Perfil, como miente Lanata, sino de una gigantesca lucha de los trabajadores, que ocuparon durante dos meses el edificio de la Editorial.

Es falso también que Lanata haya lanzado Página/12 cuando él “no tenía un centavo y ninguna editorial de revistas para apoyarme”. El emprendimiento fue financiado por Fernando Sokolowicz, un “próspero empresario maderero, que exporta por u$s 2 millones anuales”, tal como lo describió Horacio Verbitsky en una edición de la revista Noticias de fines de los 80.

Lanata, y en páginas contiguas, Jorge Fontevecchia, le piden a los trabajadores de Perfil que financien con su miseria salarial un proyecto editorial independiente del Gobierno de turno, que los discrimina en material de publicidad oficial.

Lo que no queda claro es qué lugar ocupa en esa patriada alternativa el apoyo a la candidatura de Roberto Lavagna.

Un ataque a todo el gremio

El artículo del ex conductor de “Día D” excede largamente el conflicto suscitado en la Editorial. Su planteo de fondo, en realidad, hace las delicias de las patronales de prensa, porque se dirige contra el Estatuto del Periodista Profesional, al cual en su desvarío el autor confunde con el convenio.

Según Lanata, el Estatuto consiste en una serie de “privilegios” que impiden la aparición de “nuevos proyectos”, porque “si alguien quiere sacar un medio debe tener 1 o 2 millones de dólares pagar indemnizaciones en el caso de que todo vaya mal y tenerlos antes de empezar”.

Pero el Estatuto no tiene la culpa de que Lanata sea un inútil y funda todo lo que toca.
Ni los trabajadores de prensa seremos carne de cañón descartable para las aventuras presuntamente independentistas y radicales que él y sus amigos pretendan llevar adelante.

Lanata dice que, con el Estatuto, un trabajador puede, al día 29 de su incorporación, “mear en el escritorio de su jefe”, ser despedido y llevarse 14 mil pesos de indemnización sobre la base de un salario de 1000.

No Lanata. Estás meando fuera del tarro y para arriba: si un trabajador hace eso no se lleva ninguna indemnización. Es despedido con causa y no cobra nada.

Lanata se queja de que “un periodista se convierte en efectivo al día 28 de su labor”, pero la realidad del gremio de prensa es que las redacciones están pobladas de pasantes hiperexplotados, y de redactores no reconocidos como tales, que son obligados ilegalmente a facturar y que no se convierten en “efectivos” ni en el día 28 mil de labor, ni en el del arquero.

Tampoco es verdad que la vigencia de Estatuto responda a que los gobiernos de turno le tengan miedo a las cosas que sobre ellos pueda escribir un Lanata. Si fuera por los Lanata, el Estatuto hubiera sido derogado hace rato. Ha sido, en cambio, la lucha colectiva de generación tras generación del gremio de prensa la que lo ha impedido. Ahí están, los 23 días de paro en Perfil en su defensa.

A la inversa de lo que cree Lanata, el problema con el Estatuto es que ha sido convertido en letra muerta dentro de la mayoría de las empresas del gremio, como consecuencia de la inacción sindical de la Utpba, que, con su ausencia en el actual conflicto de Editorial Perfil, sumada a la borrada reciente de los 38 días de huelga de Télam, está poniendo otro mojón en el Guiness del inmovilismo gremial contemporáneo.

Lanata chapotea en el lodo y quiere enlodar a todo el mundo. En el mismo momento en que desde el Gobierno se acrecientan las presiones, los ataques y las censuras contra periodistas y medios, el periodista le da la derecha al matrimonio presidencial y concede que los periodistas “somos tan corporativos y tan corruptos como los políticos”.

Allá él.

La inmensa y abrumadora mayoría del gremio de prensa, que se desloma diariamente en jornadas de trabajo extenuantes, y que no percibe otro ingreso que el de sus magros salarios, merece ser reivindicada ante semejante insulto.

Allá él también cuando pretende socializar sus propios vicios y dice que “nos encanta protegernos en lo políticamente correcto sin arriesgar nunca nada”. Ahí están los trabajadores de Télam, que hace poco paralizaron 38 días la agencia contra dos despidos; los de Infosic, que resistieron cuatro años el cierre de la empresa, y antes los de La Razón, con sus piquetes en defensa de la fuente de trabajo y el enfrentamiento de los de Clarín con la guardia de infantería para defender a los despedidos y su organización gremial interna.

Todos en una tradición cimentada por las ocupaciones, entre otros, de La Prensa, Tiempo Argentino, La Razón de los 80 y la lucha por la recuperación del sindicato de prensa aún bajo el horror de la dictadura.

La presente etapa política está siendo implacable con los íconos del progresismo periodístico. Primero fue Horacio Verbitsky, que se hundió en el fango al defender la censura que ejerció Página/12 contra el extinto Julio Nudler. El mes pasado se destacó Martín Granovsky, que echó mano de los peores procedimientos para aplastar la heroica huelga de Télam. La semana pasada le tocó a Gabriela Cerrutti, otra ex Página devenida a funcionaria, que cayó en el ridículo al atribuir los reclamos de vivienda en la Ciudad a la extinción del hambre, en una versión actualizada del “se quejan de llenos”. Ahora Lanata…

La Naranja de Prensa, en cambio, considera que los 14 puntos votados por los trabajadores de Perfil son un programa para todo el gremio, para el que comprometemos nuestro apoyo, activo y militante, en solidaridad con la lucha de los compañeros.

Agrupación Naranja de Prensa
10 de julio 20006