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Lenguaje sexista y violencia simbólica

El sexismo, la “cosificación” de la mujer, el lenguaje homofóbico y los contenidos discriminatorios son moneda corriente en los medios de comunicación, en particular en la televisión, el más consumido entre todos ellos.

Los ejemplos abundan. Desde los más groseros, por ejemplo “Chiche” Gelblung con su “yo la mato” al comentar, hace unos años, el caso de una mujer casada que había obtenido el “consentimiento” de su marido para tener relaciones con otro hombre. Y otros más sutiles, como la exaltación de la figura de la madre como el máximo nivel de realización posible para la mujer y “los desafíos para atender el trabajo y la casa”, como una preocupación exclusiva del género.

El sexismo, la “cosificación” de la mujer, el lenguaje homofóbico y los contenidos discriminatorios son moneda corriente en los medios de comunicación, en particular en la televisión, el más consumido entre todos ellos.

Los ejemplos abundan. Desde los más groseros, por ejemplo “Chiche” Gelblung con su “yo la mato” al comentar, hace unos años, el caso de una mujer casada que había obtenido el “consentimiento” de su marido para tener relaciones con otro hombre. Y otros más sutiles, como la exaltación de la figura de la madre como el máximo nivel de realización posible para la mujer y “los desafíos para atender el trabajo y la casa”, como una preocupación exclusiva del género.

En el medio desfilan los cuerpos hipercosificados en Showmatch, los “chistes” homofóbicos constantes y la difusión indiscriminada de las “infidelidades” en parejas de famosos, que colaboran con una dramatización exacerbada, inductora de violencia, que concibe a la monogamia cerrada, con la apropiación monopólica de los cuerpos y la sexualidad, como la única forma de relación posible.

Pero los medios de comunicación no operan en un vacío social. Ya sean privados o estatales, abundan los contenidos discriminatorios y sexistas simplemente porque su función social es reproducir y naturalizar el orden social existente, caracterizado por la opresión y la violencia contra amplias capas de la población.

La Ley de Medios, con sus promesas absolutamente incumplidas en materia de combate contra los monopolios, es una demostración clara de que una norma que no cuestiona ni un ápice la estructura de propiedad no sólo no puede cambiar, sino tan sólo morigerar el contenido basura que puebla los programas.

La norma fue defendida porque abría la posibilidad de “sancionar la violencia mediática”, lo que antes se denominaba “sexismo en la comunicación”, tal como lo recuerda una periodista integrante de PAR (Periodistas de Argentina en Red- Por una comunicación no sexista). Según el balance de 2013, desde que la ley entró en vigencia en 2010, sólo se sancionó con una multa un contenido de Showmatch, que hasta la fecha no se hizo efectiva. En oposición a esta cortina de humo, la bancada del FIT-PO del Congreso Nacional ha propuesto la creación de un Consejo Autónomo de la Mujer, elegido y revocable por voto femenino, con poder de veto sobre los contenidos que sean vehículo de ideas retrógradas y discriminatorias.

Ni siquiera la monumental marcha del “Ni una menos” logró horadar los contenidos en los que se siguen repitiendo expresiones como “crimen pasional”, “amores violentos” y otras que encubren el carácter específicamente opresivo de este régimen social contra la mujer.

Para que los contenidos de los medios evolucionen material y simbólicamente se necesita un cambio en su régimen de propiedad; es decir, que pasen a manos de sus trabajadores, para que ellos los abran a un verdadero escrutinio popular de los contenidos mediante una gestión plural que incorpore a las organizaciones culturales, sociales y sindicales que tienen una actuación real en la sociedad.

Nuestra tarea

Como un aporte a la lucha contra la violencia hacia la mujer, las organizaciones sindicales de periodistas, trabajadores de prensa escrita, radial y televisiva y publicitaria, deben fortalecer el carácter autónomo y democrático de sus cuerpos de delegados para disputar con las patronales también en el terreno de los contenidos.

En lo inmediato, podemos dar la pelea por un espacio en las páginas de los diarios y revistas, o segundos en televisión y radio, para que los trabajadores puedan expresar sus discrepancias con las líneas editoriales y contenidos adversos a los explotados y oprimidos de la sociedad, incluida la violencia simbólica contra la mujer. Estaríamos ante el embrión de un poder de veto popular sobre los contenidos de los medios, en el camino del control obrero de los grandes medios de comunicación, escuela preparatoria de su gestión socialista.