Libertad de prensa: una posición independiente del Estado y las patronales

A través de un cruce de solicitadas, el gremio de prensa ha iniciado un debate sobre el periodismo, la libertad de expresión y el rol del Estado. En definitiva, lo que se discute es si es este quien debe regular la actividad de los periodistas y erigirse como el árbitro y garante de la libertad de prensa.

A través de un cruce de solicitadas, el gremio de prensa ha iniciado un debate sobre el periodismo, la libertad de expresión y el rol del Estado. En definitiva, lo que se discute es si es este quien debe regular la actividad de los periodistas y erigirse como el árbitro y garante de la libertad de prensa.

A través de un cruce de solicitadas, el gremio de prensa ha iniciado un debate sobre el periodismo, la libertad de expresión y el rol del Estado. En definitiva, lo que se discute es si es este quien debe regular la actividad de los periodistas y erigirse como el árbitro y garante de la libertad de prensa.

La discusión la motorizó el hecho de que salió a la luz algo que todo el mundo sabe: varios periodistas han actuado en estrecho contacto con el espionaje ilegal de la AFI. En este caso se trata de periodistas ubicados hoy en el campo opositor al gobierno del Frente de Todos.

Propietarios de medios, cámaras y asociaciones patronales y unos 300 periodistas salieron en defensa de este grupo por medio de una solicitada, acusando al gobierno de intentar regimentar la libertad de prensa.

Esta posición generó una legítima indignación de contenido antipatronal entre los trabajadores de prensa que todos los días sufren, además de la precarización de sus condiciones de trabajo, la regimentación de su labor periodística y su libertad de expresión por parte de esas mismas empresas de medios que, cínicamente, reclaman una libertad que no garantizan. La hipocresía de los firmantes motivó la salida de una contrasolicitada que reunió más de un millar de firmas de compañeros y compañeras de prensa en poco más de 24 horas.

Sin embargo, el texto minimiza el carácter de la crítica del Estado sobre el periodismo, al considerárselo parte del “escrutinio público”. De esta forma se soslaya la relación evidentemente asimétrica que existe entre el periodista individual y el poder estatal.

Por ese motivo La Naranja de Prensa resolvió no firmar ese texto. Se trata de un debate de principios.

Es que la libertad de expresión es una conquista y una lucha permanente del gremio contra la autoridad y la injerencia estatal. La idea de que sea el Estado quien regule aquello que entre los ciudadanos no podemos resolver puede parecer progresista pero la realidad es que el Estado no es neutral.

En una sociedad capitalista, el Estado resulta el custodio de las relaciones sociales y políticas que sostienen el régimen. Para cumplir ese rol, entre otros mecanismos, se vale de los servicios de inteligencia y las fuerzas represivas en general. Reforzar esa injerencia no puede más que limitar la libertad de expresión de los trabajadores de prensa que debe ser irrestricta.

Esa independencia para ejercer la crítica al poder político es aún más vital en un contexto de crisis social como la que estamos atravesando mientras el gobierno privilegia el pago de la deuda externa a los acreedores, no avanza en gravar a los grandes capitalistas, no garantiza las condiciones sanitarias elementales en los lugares de trabajo ni en los centros de salud y, entre otros ejemplos, crecen los casos de gatillo fácil y represión estatal a la ciudadanía.

Para los gobiernos y la oposición política tradicional, la libertad de expresión no es un problema de principios sino una herramienta que se usa en función de cada situación concreta. Hoy se la defiende en nombre de un aliado y mañana se le niega a un contrario. Es de público conocimiento el vínculo del Grupo 23 del vaciador Sergio Szpolski con los servicios de inteligencia que, incluso, contaban con miembros en el directorio de la empresa de medios kirchnerista y que, finalmente, resultó en la pérdida de la fuente laboral (y de su libertad de expresión) de un millar de trabajadores de prensa.

Las patronales de prensa actúan en el mismo sentido. Niegan el ejercicio de la libertad de expresión de los periodistas que emplean si esta va en contra de sus intereses más estratégicos. E impulsan y estimulan a los periodistas cuyas posiciones expresan esos intereses. Esa confluencia puede ser circunstancial o de largo aliento, pero no elimina el hecho que los dueños de los medios son los que, en definitiva, tienen la sartén por el mango.

De allí que, bien mirada, la libertad de expresión es la libertad de manipulación ideológica de la población por parte de los medios concentrados, algo que se repite día tras día y gobierno tras gobierno.

El Estado y sus representantes no pueden ser quienes regulen o condicionen el ejercicio de la libertad de expresión que, en rigor, es algo que ya ocurre a través del manejo discrecional de la pauta oficial.

Es la deliberación colectiva de los trabajadores en general la que puede y debe impulsar la defensa irrestricta de este derecho sobre la base de su organización gremial y política independiente, tanto de las patronales como de los gobiernos.

Apuntar contra la moral individual de tal o cual periodista y, peor aún, concederle ese derecho al poder político, soslaya el carácter de clase de ese Estado y pretende resolver el problema “matando al mensajero”.

Es que el punto de partida para limitar las operaciones originadas en el espionaje estatal debe ser el reclamo de la disolución de la AFI y todos los servicios de inteligencia que constituyen la naturaleza del Estado capitalista y que no solo operan como fuentes non sanctas sino que, además, persiguen y espían a los trabajadores de prensa. En definitiva, debe ser en el terreno del libre intercambio de posiciones donde se ponga en su lugar a quienes tergiversan la realidad en función de intereses ajenos a los de la ciudadanía y su derecho a la información.

El mismo Estado que se pretende erigir como árbitro neutral es el que, en consonancia con las grandes patronales de medios que firmaron la primera solicitada, niega la legítima la representación gremial de los trabajadores de prensa que, sin lugar a dudas, es hoy el SiPreBA y que resulta ser la principal herramienta de defensa del ejercicio libre de la profesión.

Han sido siempre las asambleas de trabajadores, sus delegados y sus comisiones internas los instrumentos más eficaces para velar por el derecho a la libertad de expresión de los trabajadores de prensa y del acceso a la información de la población que, por otra parte, solo podrá ser plena en una sociedad donde el manejo de la información no esté mediado por intereses privados. Esto es, una sociedad sin explotados ni explotadores. Es en este campo donde se ubica la Naranja de Prensa.