Los trabajadores de Perfil abrieron una nueva etapa en la Editorial

Los trabajadores de Perfil abrieron una nueva etapa en la Editorial

Los trabajadores de la editorial y el diario Perfil ingresaron en la sexta semana de protesta en reclamo de un aumento mínimo de $200, el pago de horas extra y el cumplimiento de los estatutos y convenios, entre otras exigencias.

Los trabajadores de Perfil abrieron una nueva etapa en la Editorial

Los trabajadores de la editorial y el diario Perfil ingresaron en la sexta semana de protesta en reclamo de un aumento mínimo de $200, el pago de horas extra y el cumplimiento de los estatutos y convenios, entre otras exigencias.

Los trabajadores de Perfil abrieron una nueva etapa en la Editorial

Los trabajadores de la editorial y el diario Perfil ingresaron en la sexta semana de protesta en reclamo de un aumento mínimo de $200, el pago de horas extra y el cumplimiento de los estatutos y convenios, entre otras exigencias.

Una asamblea de más de 300 trabajadores, convocada el 7 de junio, Día del Periodista (que Perfil no lo reconoce como día del gremio) dio origen a un petitorio de catorce puntos: $1.800 para el salario inicial, 1% por antigüedad, respeto a la jornada legal de 36 horas semanales, el fin del contrato de exclusividad (por el cual los periodistas no pueden trabajar para otros medios), el pago completo de la guardería y otras reivindicaciones que son un programa de acción que trasciende los límites de la editorial.

La empresa había comunicado días antes de la asamblea que no iba a dar un nuevo aumento salarial (el anterior, en enero, fue del 12% más $22 en tickets). Luego, golpeada por la masiva asamblea y la contundencia del reclamo, contraofertó un 5% para todos. Nuevas asambleas hicieron elevar la posición “oficial”, que llevó el aumento mínimo a $100 para los 130 trabajadores que cobran salarios menores a $1.300 y $44 de tickets para un total de 340 trabajadores.

A partir de esta propuesta, la patronal se mostró inflexible y amenazó con no sacar el diario cuando los periodistas anunciaron su decisión de no firmar sus notas, como señal de protesta. Sin embargo, la medida fue llevada a cabo en varias revistas y masivamente en el diario, donde además se contó con la adhesión solidaria de importantes columnistas, como Magdalena Ruíz Guiñazú, Víctor Hugo Morales, Nelson Castro y Pepe Eliaschev, entre otros.

Herida, la patronal dobló la apuesta y ofreció retiros voluntarios para todos los trabajadores del diario, a quienes intentó desmoralizar mediante una carta personal donde les prometía, si se quedaban, un futuro de “sudor y sacrificio por varios años”. Al cierre de esta edición, ningún trabajador se había anotado en el retiro.

La patronal está preocupada con el desarrollo de la organización gremial que despuntó con fuerza dentro del semanario dominical, su nueva niña bonita.

Muestra de ello es que no ahorró recursos para quebrar esta lucha. De manera inédita en la historia del gremio, destinó ya más de diez páginas en dos ediciones del periódico para cargar a fondo contra los reclamos de los trabajadores.

Ha tratado, por un lado, de ligar el conflicto a las maniobras y provocaciones del kirchnerismo contra los medios que no le son adictos. Repudiada dentro de la Editorial, con fisuras internas, con esta audaz estrategia la dirección buscó, además, la complicidad del lector en sus ataques a las asambleas y la organización sindical.

Usó a Jorge Lanata, columnista editorial del diario, para atacar la realización de “asambleas en el horario de trabajo” y al Estatuto del Periodista. A la semana siguiente se valió de la pluma de un “delegado” gráfico de la planta fabril en Barracas para dar a conocer un texto pro patronal tan obsecuente y servil que fue un bumerang. Lo de Lanata tampoco parece tener retorno.

El intento de Perfil de volcar a la opinión pública contra la organización gremial puede terminar siendo un chasco para Fontevecchia. En todas las empresas periodísticas se discute abiertamente el conflicto. Como un reflejo de esta situación, la respuesta de la Naranja de Prensa al ex director de Página circula por todos los sitios web y blog periodísticos. La bronca contra el ex progre es masiva. El mismo impacto tuvo la respuesta de la Comisión Interna a Fontevecchia.

Como un reflejo de que hace tiempo perdió los reflejos de cualquier cosa animada, la Utpba no se dio por enterada del conflicto. Ni siquiera con una línea de respuesta al brutal ataque al Estatuto, aunque sea desde su sitio web, desde donde transcurre el 100% de su militancia.

La bronca entre los gráficos de planta (donde se imprime el semanario) contra su “delegado” es grande porque el autor de la carta de solidaridad con la patronal, que “humedeció” los ojos de Fontevecchia, muestra preocupación por el aumento de los costos empresarios, pero se calla a la hora de denunciar que la empresa en Barracas tiene al 25% del personal tercerizado y con salarios devaluados. El sindicato gráfico debe expulsar de su seno a este agente de la patronal.

El Ministerio de Trabajo poco hizo hasta ahora. La posibilidad de una nueva audiencia entre la CI y la patronal se fue demorando en el tiempo. Es lógico. Un Gobierno que ha llevado el salario mínimo a una baja histórica poco puede aportar a una lucha contra la miseria salarial. Los afiches y volantes pegados en la ciudad como “apoyo al conflicto” actuaron a modo de zancadilla por las divergencias entre Kirchner y Fontevecchia, por el apoyo de Perfil a la candidatura de Lavagna.

A pesar de las dificultades, el conflicto no se ha cerrado. El salario mínimo quedó fijo en $900 en efectivo más tickets. Unos pesos por arriba de la línea de pobreza.

La empresa se encuentra en una etapa de expansión. La clave para consolidar este crecimiento es la reorganización de Perfil sobre la base del alargamiento de la jornada laboral y salarios a la baja. Estas seis semanas de conflicto han puesto en jaque este proyecto.

24 de julio de 2006

Corresponsal