Ni Scioli-Cristóbal López, ni Macri-Magnetto. Las razones del voto en blanco

El resultado electoral del 25 de octubre dejó la sucesión presidencial entre Scioli o Macri. Con el balotaje quieren someternos a una extorsión política. A que votemos a Scioli contra el derechista Macri. A que votemos a Macri contra la “prepotencia oficialista”. Pero el kirchnerismo, que nos llama a votar “contra la derecha”, se ha apropiado él mismo del programa de la derecha. Por eso, Scioli nomina para su gabinete a economistas de la fracasada Alianza, como Bein, o del FMI, como Blejer, junto al represor Berni.

El resultado electoral del 25 de octubre dejó la sucesión presidencial entre Scioli o Macri. Con el balotaje quieren someternos a una extorsión política. A que votemos a Scioli contra el derechista Macri. A que votemos a Macri contra la “prepotencia oficialista”. Pero el kirchnerismo, que nos llama a votar “contra la derecha”, se ha apropiado él mismo del programa de la derecha. Por eso, Scioli nomina para su gabinete a economistas de la fracasada Alianza, como Bein, o del FMI, como Blejer, junto al represor Berni.

El resultado electoral del 25 de octubre dejó la sucesión presidencial entre Scioli o Macri. Con el balotaje quieren someternos a una extorsión política. A que votemos a Scioli contra el derechista Macri. A que votemos a Macri contra la “prepotencia oficialista”. Pero el kirchnerismo, que nos llama a votar “contra la derecha”, se ha apropiado él mismo del programa de la derecha. Por eso, Scioli nomina para su gabinete a economistas de la fracasada Alianza, como Bein, o del FMI, como Blejer, junto al represor Berni. Y el macrismo, que se acordó ahora de la patota, armó él mismo sus patotas y persecuciones contra cualquier trabajador que en la Ciudad de Buenos Aires pretenda defender sus derechos.  Con Macri o con Scioli, la ‘salida’ a la crisis nacional que deja el kirchnerismo es la misma: un arreglo con los usureros internacionales, que agravará el endeudamiento del país; un tarifazo a favor de los monopolios petroleros y de electricidad y una devaluación, para salvar a los capitalistas a costa del salario y las jubilaciones. Ambos buscan unificar a la burocracia sindical para que los acompañe a fin de garantizar ‘la paz social’. Scioli y Macri reclaman nuestro voto con un solo objetivo: que el ajuste que preparan para después de diciembre se encuentre ‘bendecido’ por el voto popular.

LEY DE MEDIOS

El gobierno de Cristina concluye con un penoso balance de la Ley de Medios. Siempre dijimos que esa norma representaba la faz legal de una pelea entre monopolios capitalistas por el negocio de la comunicación y el entretenimiento. Al cierre de 2015 nos vamos a encontrar, como único resultado, con que un grupo de empresarios parásitos se enriqueció con el usufructo de la pauta publicitaria oficial, además de los subsidios y la reducción de impuestos; y con que los monopolios son más fuertes ahora que antes, como lo expresan los acuerdos societarios entre Clarín y Cristóbal López.

El desbarranque de la Ley de Medios también se demuestra con el allanamiento a Antena Negra, con la saña de la destrucción de sus equipos, y con el abandono del ‘canal mapuche’ Wall Kintun, lo que derivó en una toma de la sede Bariloche del Afsca en defensa de los puestos de trabajo. La ley no cumplió con ninguna de las promesas progresistas que contenía y que habían concitado el respaldo de un sector del activismo de prensa. El tercio del espectro para los medios de comunicación no comerciales y el desarrollo de fuentes de trabajo de calidad, entre otros ‘principios’, se desvanecieron en el aire.

Bajo el imperio de la Ley de Medios, la polifuncionalidad, es decir, la violación permanente de los estatutos y convenios, no ha decrecido: cuando el gobierno kirchnerista se retire, el gremio de prensa tendrá trabajadores precarizados (los mal llamados colaboradores) y con bajos salarios en la misma intensidad que seis años atrás.

Esta sola realidad debería motivar al Ministerio de Trabajo a darle legalidad a las comisiones internas de prensa y al Sipreba, a fin de reducir el desequilibrio permanente con la patronal. En cambio, la cartera laboral se desentendió de casi todos los procesos de elección de comisiones internas con el costo de los despidos de los dos delegados de Minuto 1, cuyas causas habían sido introducidas en el Ministerio de Trabajo ocho meses antes.

La integración de Sabbatella, el gran ojo de la Ley de Medios, a la fórmula con Aníbal Fernández fue la manifestación de la disolución de los progres K en las filas de la derecha peronista. La Ley de Medios hizo el mismo recorrido.

Así, con el terreno allanado, las fuerzas sociales que impulsan a ambos candidatos, la patronal industrial, la banca, los grandes comerciantes, los dueños de la tierra, reclaman un ajuste cuyas consecuencias empobrecerían a la población. En eso los candidatos son diferentes… sólo en matices.

No se trata de hacer futurología sino de sacar conclusiones de lo vivido. El gremio de prensa, en particular, tiene mucho para aportar en materia de lucha contra ajustes y de las lecciones políticas para sacar de esa experiencia. Porque las Corpos de Clarín, Perfil y La Nación adelantaron hace tiempo su propio ajuste con retiros voluntarios, despidos y, en algunos casos, el no cumplimiento de los acuerdos paritarios. El Ministerio de Trabajo, simplemente dejó hacer. La resistencia sólo vino de los trabajadores y sus organizaciones de base.

Esto, mientras la patronal K hacía lo propio en sus medios privados adictos, como sucedió con los despidos de delegados de Minuto 1 y el uso de patotas por parte del Grupo Olmos para fundar Aconcagua y así dividir en forma fraudulenta a los trabajadores de Crónica y BAE. Y otro tanto en los estatales, con el no reconocimiento de la Comisión Interna de Télam y el descuento de días de paro a los compañeros de Radio Nacional que reclamaban el pase a planta de 300 precarizados, algo que nunca antes había sucedido en la emisora desde al menos 1983.

POR LA UNIDAD DE LOS TRABAJADORES

Con el voto en blanco, los trabajadores manifestamos con claridad nuestro rechazo a ambos candidatos, les enviamos una advertencia política: sabemos a dónde apuntan y no les damos ninguna confianza por más sonrisas que hagan o amenazas de represión realicen.

El voto en blanco aleja a los trabajadores de las dos alternativas ajustadoras y los une bajo el mismo interés: la defensa de sus conquistas.

LA NARANJA DE PRENSA