Quieren reventar nuestros salarios: ¡Necesitamos paritarias ya!

En varias empresas del gremio comenzaron las discusiones salariales del 2010. Frente a una inflación estimada por las consultoras privadas que supera, según algunos estudios, el 30%, el común denominador de las patronales es ofrecer aumentos completamente inferiores a lo que se calcula será la suba de precios real. Las ofertas que se conocen apenas si se acercan al 20% anualizado, en cómodas cuotas que se completan muy entrado el año y que se diluyen en el bolsillo del trabajador por la presión de las remarcaciones.

En varias empresas del gremio comenzaron las discusiones salariales del 2010. Frente a una inflación estimada por las consultoras privadas que supera, según algunos estudios, el 30%, el común denominador de las patronales es ofrecer aumentos completamente inferiores a lo que se calcula será la suba de precios real. Las ofertas que se conocen apenas si se acercan al 20% anualizado, en cómodas cuotas que se completan muy entrado el año y que se diluyen en el bolsillo del trabajador por la presión de las remarcaciones.
Es evidente que las empresas acordaron en las cámaras que las agrupan salir con esa política. Sus voceros más conocidos montaron la campaña desde comienzos de año. El abogado laboralista, asesor de la UIA y presidente de la Copal (Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios), Daniel Funes de Rioja dijo que “pactar subas salariales por encima del 20% alentará la inflación”. Otro talibán del laboralismo patronal, Julián de Diego, no solo pretende que se pacten aumentos por debajo de la inflación sino que tampoco quiere que los trabajadores nos cubramos: “Las cláusulas sujetas a condición son una fuente generadora de expectativas que potencian los procesos inflacionarios”.
El año pasado pretendieron congelarnos el salario con la excusa de la crisis financiera internacional. Este año, con la inflación, convierten el que debería ser el principal motivo para aumentar salarios en un argumento en nuestra contra.
No es un problema a futuro: en el primer trimestre del año, la inflación se comió nuestros salarios en un 8% (El Cronista 22/3). Mientras tanto, ni la CGT de Moyano, ni la CTA de Yasky lanzaron una campaña por aumentos de emergencia que nos permitan recuperar esa pérdida y dejan a cada gremio librado a su suerte. En muchos casos, también toman la iniciativa para frenar la lucha salarial: la conducción de CTERA (alineada con la dirección de la CTA) encaró la primera paritaria nacional poniéndole un “techo” a la negociación salarial, dejando a los docentes con un sueldo básico que no llega a cubrir siquiera la mitad de la canasta básica familiar (actualmente de 3.800 pesos, según la misma CTA).
El gobierno, a su vez, no es ajeno a lo que sucede en las paritarias. No por nada Cristina K le anticipó a los empresarios que no habría “reclamos salariales desestabilizadores”. El gobierno “nacional y popular” defiende el interés patronal en la negociación salarial.
En ese marco, al llegar el inicio de cada paritaria sectorial, la carestía acumulada juega a favor de la patronal, que por un lado aumenta sus precios preventivamente y por el otro tiene la “espalda” que no tienen los trabajadores para aguantar la negociación.
Ni siquiera hay una campaña mediática como la que llevan adelante las empresas. Mucho menos, ni por asomo, un plan de lucha general.
El submundo de todo esto es el gremio de prensa. Somos la única rama de trabajadores argentinos que no concurrió a paritarias unificadas como lo han hecho los restantes sindicatos desde por lo menos 2006. Acá peleamos empresa por empresa, y esto ocurre sólo en las que tienen comisión interna o delegados. En las demás, el diario Clarín por caso, las patronales otorgan el aumento que quieren cuando quieren. No se negocia nada.
En las empresas organizadas solemos tener negociaciones salariales que llamamos paritarias, pero no lo son. La paritaria es una negociación colectiva, que abarca al conjunto de trabajadores de la rama. Se le llama “paritaria” porque discuten en paridad numérica representantes de empleadores y de trabajadores.
La clave de las paritarias es que, tras un reclamo común, se pueden poner en movimiento todas las fuerzas del gremio para obtenerlo. De esta manera, las conquistas que se obtengan pueden abarcar al conjunto, es decir que los beneficios podrían tocarles a compañeros que se desempeñan en empresas que carecen de organización o que, por su tamaño, se las ven en figurillas para enfrentar a la patronal.
Con la ausencia de paritarias rige el sálvese quien pueda: si una empresa tiene una organización sindical interna fuerte y asentada, puede conseguir mejorar sus salarios y condiciones de trabajo, pero si no la tiene o si la tiene pero atraviesa una coyuntura de debilidad, todo es más difícil. A la postre, esto termina perjudicando al conjunto, porque las patronales siempre utilizan los costados más débiles del gremio para hacer ingresar sus políticas de ajuste y miseria salarial.
Otra ventaja es que, cuando se obtienen conquistas en paritarias, se constituyen en un piso para luego ir por más. Por ejemplo: se fija un determinado salario para la categoría redactor, por debajo del cual ninguna empresa debería pagar. Entonces, se limita la posibilidad que tienen ahora las patronales de aprovechar los recambios de la plantilla para hacer entrar compañeros con salarios a la baja, con lo que buscan revertir el nivel salarial al que han tenido que acceder como resultado de la lucha en momentos desfavorables.

Los pisos salariales son más difíciles de imponer cuando se negocia de manera aislada.
Sin paritarias hemos naturalizado correr atrás de la inflación. En las empresas que pudieron salir a la pelea, hubo conquistas importantísimas en la defensa del poder adquisitivo del salario, pero con todo sólo alcanzamos a “recomponer” el deterioro. No es poco pero nos privamos de progresar. En muy pocas redacciones se le gana a la inflación, cuando mucho le empatamos y estamos siempre en el mismo lugar, es decir que retrocedemos porque mientras esto ocurre nuestras necesidades aumentan con los años: vienen los hijos, nuestra salud demanda más atención, etcétera.

Con todo este panorama ¿por qué la dirección de la Utpba no va a una paritaria general?
Básicamente, porque hacerlo le implicaría, aún de una forma elemental, retomar alguna clase de contacto con los trabajadores de prensa, con su realidad. Para una burocracia que se ha recluido hace años en una existencia vegetal, sin contacto con las bases o que sólo interviene para entorpecer, traicionar o certificar derrotas, un llamado a paritarias pondría al desnudo su inmovilismo irrecuperable. Una prueba es que, allí donde se sentaron con las empresas a discutir un acuerdo colectivo, como fue el sector de las “empresas chicas”, pactaron de manera clandestina y administrativa salarios del nivel de Ruanda, que además sólo son referenciales y no obligan a nadie a cumplirlos.
En la rama radio hicieron un papelón. Cuando los demás sindicatos tenían casi cerrado el acuerdo, se anotaron al final y boquearon mediáticamente un reclamo que, oh casualidad, estaba cerca de lo que los restantes gremios que tienen representación en el sector estaban a punto de conseguir.
La directiva de la Utpba no va a paritarias porque el mínimo movimiento de olas que significaría eso amenaza su existencia como tal. Además, no las necesitan. Como no trabajan, sus ingresos no dependen de la lucha contra la patronal.
Llevamos años en esta situación, pero no podemos seguir así.
El conjunto de los trabajadores del gremio debe movilizarse para exigir a la dirección de nuestro sindicato que pida la apertura de las paritarias. Este año, este reclamo tiene carácter dramático para nuestras familias.
Debemos, mientras tanto, denunciarlos por abandono de persona. Tenemos miles de compañeros que, sin posibilidad de defensa en sus lugares de trabajo, quedan a merced de los patrones. Tenemos que organizar, desde cada lugar de trabajo, y bajo el liderazgo de las comisiones internas combativas e independientes, una campaña por paritarias ya, y que incluya la consigna de que si la dirección de la Utpba no las pide se tienen que ir.
Por eso tenemos que luchar.