Télam: 38 días de huelga, ¿y ninguna flor?

Balance de una lucha heróica
Télam: 38 días de huelga, ¿y ninguna flor?

Después de 38 días de heroica huelga, los trabajadores de Télam volvieron a sus puestos con los dos despedidos que dieron origen al conflicto en la calle.
Sólo logró doblegarlos el peso de todo el aparato del Estado volcado contra ellos.

Balance de una lucha heróica
Télam: 38 días de huelga, ¿y ninguna flor?

Después de 38 días de heroica huelga, los trabajadores de Télam volvieron a sus puestos con los dos despedidos que dieron origen al conflicto en la calle.
Sólo logró doblegarlos el peso de todo el aparato del Estado volcado contra ellos.
El miércoles 17 el Gobierno les tendió una emboscada fatal. La Jefatura del Gabinete de Ministros los convocó a negociar tentándolos con indemnizar a ambos despedidos “con causa” (uno, de periodismo, por presunta agresión y agravios o amenazas a Granovsky -presidente del directorio de Télam- y el otro, de la administración, por supuestas irregularidades administrativas) y garantizar al segundo de ellos un puesto de trabajo en alguna repartición del Estado, además de un incremento salarial para toda la planta de personal. Todo con la precondición que se levantara el paro.
La asamblea contraofertó aceptando el despido con causa del compañero de redacción y reclamando la reincorporación a planta del compañero de contaduría.
Levantado el paro, se realizó en Casa de Gobierno la reunión con el jefe de Gabinete, el ex cavallista Alberto Fernández, y la cúpula de la empresa.
Allí la Comisión Interna se encontró con la sorpresa que el Gobierno y la empresa cambiaban los términos de la discusión, planteando que “ante el surgimiento de nuevas pruebas incriminatorias” sobre la supuesta agresión se retiraba el ofrecimiento de indemnización para el trabajador de redacción, se concedía un incremento salarial del 19 por ciento desdoblado y se obligaba a acordar la “paz social hasta el 31 de diciembre de 2007”, so pena de descontar de los salarios los días de paro.
Lo más serio del caso es que todo esto fue un gigantesco y vulgar apriete en el que el mismo jefe de Gabinete sostuvo que era “este acuerdo o una espada de He-man así de grande”, o sea los despidos en masa.
Alberto Fernández no medió nunca. El jefe de Gabinete fue pieza fundamental del apriete que había empezado por las presiones empresarias contra los huelguistas (como el primer intento de descontar los salarios caídos, la contratación de carneros y los premios en categorías a quienes laburaran), las agresiones de un grupo de carneros matones, la presencia patronal en planta y las escuchas telefónicas a los trabajadores en lucha.
Pero lo más grave de todo fue la directa participación del presidente Néstor Kirchner en la negociación (en realidad un vulgar apriete), quien, para que no quedaran dudas de su apoyo a Granovsky, se apersonó tres veces durante las cinco horas que duró el apriete en Casa de Gobierno (una, para saludar y presentarse, otra para ver cómo andaban las cosas, y una última para despedirse).
La Comisión Interna, huérfana de apoyo sindical (por la bochornosa ausencia de la Utpba), ante tanta insistencia y presión del más alto nivel del Estado firmó un acta incumplible, porque sólo establece penalidades para los trabajadores, “ad referéndum de la asamblea de los trabajadores de Télam”.
La Comisión Interna vino a la asamblea del jueves 18 con la moción de aprobar el acta y levantar el conflicto.
Fue una asamblea dura y ríspida donde los activistas y trabajadores sentían el peso del esfuerzo de 38 días del heroico paro de actividades.
En el terreno sindical se había pasado por todas las experiencias posibles. La entregada de la Utpba con su notoria ausencia y la presencia de los aparatos sindicales para frenar la lucha. La conducción de la CGT moyanista y la Fatpren se hicieron presentes únicamente para recomendar que se levantara el paro. La “opositora” CTA (en cuyas filas milita la Utpba), que apareció al principio prometiendo todo, en la última parte de la lucha también se borró.
La asamblea finalmente resolvió firmar el acta con el apoyo de 64 votos contra 53 por rechazarla y 20 abstenciones, además de unos 15 compañeros que no votaron ninguna de las tres alternativas.
Pero no está todo dicho en Télam. Quedan heridas abiertas, pero otras se cerraron definitivamente.

Los carneros, los débiles y los vacilantes quedaron todos al desnudo y ahora, con esa carga y el repudio generalizado, deben regresar a la planta. No será un trago fácil.
El problema que queda planteado ahora es cómo se recomponen las relaciones internas. Los activistas tendrán sobre sus espaldas la inmensa responsabilidad de realizar un profundo balance de esta experiencia culminante y guiar los pasos futuros. La “paz social” que nos quieren imponer los Granovsky, Fernández y Kirchner es una utopía reaccionaria contra los trabajadores. Está en nuestras manos hacer florecer este jardín que quisieron transformar en basurero.
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