Télam: las exequias del “periodismo militante”

La agencia oficial de noticias Télam se vio involucrada, en los últimos días, en al menos dos episodios bochornosos. Primero fue una polémica efeméride de la presidenta Cristina Fernández, unos días antes de su cumpleaños, con exaltaciones delirantes a su figura y con descalificaciones y exabruptos contra dirigentes políticos de la oposición.

La agencia oficial de noticias Télam se vio involucrada, en los últimos días, en al menos dos episodios bochornosos. Primero fue una polémica efeméride de la presidenta Cristina Fernández, unos días antes de su cumpleaños, con exaltaciones delirantes a su figura y con descalificaciones y exabruptos contra dirigentes políticos de la oposición. El texto, reñido con cualquier estándar periodístico básico para la elaboración de una nota informativa -o aún de opinión- estaba plagado de insultos personales, en un estilo pirotécnico que, en realidad, encubría la más completa ausencia de delimitación política con las figuras a las que se atacaba -entre ellas Hilda Chiche Duhalde, a la que se le endilgaban “complejos de inferioridad” respecto de la Presidenta. “Idiotas”, “imbéciles” eran algunas de las expresiones usadas para enfrentar a los críticos -y no tanto- de la gestión oficial.

En coincidencia con este brulote, que fue sacado rápidamente de circulación ante las inmediatas repercusiones, el portal web de la agencia apareció con su estética renovada con dos dibujos de “EterNéstor” o “Nestornauta” -personaje creado a partir de “El Eternauta”, pero con rostro de Kirchner. Además, la web presentó, también momentáneamente, otro cambio: en lugar de la tradicional presentación de Télam como “Agencia de Noticias de la República Argentina” apareció la leyenda “Agencia de Noticias del Pueblo Argentino”. El rediseño también duró un suspiro.

Ambos desatinos obligaron a García a realizar aclaraciones. Que la efeméride de Cristina había salido sin “editar” -como si semejante texto hubiese sido pasible de una mera “edición”- y que el rediseño era “sólo una prueba” que se disparó por error. Un problema de filtros, en suma.

Sin embargo, las gafes periodísticas de Télam adquirieron un estatus trágico, rayano en el escándalo diplomático, cuando por esos mismos días la agencia subió al servicio un despacho donde se informaba que en Libia “reinaba la calma”, con “seguidores de Gaddafi ocupando las plazas” en apoyo del dictador. Quiso la mala fortuna que, por esas mismas horas, cuando el resto de la prensa mundial daba cuenta de la existencia de centenares de muertos por la represión a las manifestaciones opositoras, el líder libio dijera ante los medios que iría casa por casa a buscar a sus críticos como “ratas”. Otros reportes indicaban que los esbirros de Gaddafi descerrajaban un tiro en la cabeza de cada individuo que, ante la interrogación, no manifestaba explícitamente su apoyo a Muamar.

Otra vez, las repercusiones obligaron a la agencia a corregir el error, sobreexponiendo que la fuente de su reporte era Telesur. El nuevo cable llevaba el kilométrico título: “Según un enviado de la cadena Telesur, en Trípoli reina la calma y sólo hay manifestaciones en apoyo a Gaddafi”. Cuarenta y ocho horas más tarde, la mala fortuna se la agarró, esta vez, con el propio equipo periodístico de la chavista Telesur, de la cual Télam reprodujo los cables informativos. Los periodistas fueron molidos literalmente a palos por los mercenarios de Gaddafi, quienes al parecer no percibieron la sutileza del periodismo “militante” del canal chavista.

La sucesión de dislates provocó una crisis en varios planos. Por un lado, desde el equipo de comunicación de Presidencia pidieron que bajaran un cambio. Por el otro, el “periodismo militante” -pregonado por Martín García como superación del carácter prostibulario del periodismo a secas- mostró un aspecto clave de su naturaleza: Gabriel Fernández, el gerente periodístico de la agencia, criticó internamente la difusión de los cables oprobiosos y se quedó casi inmediatamente sin trabajo.

La crisis en que ha entrado la gestión “militante” de García ha dado lugar a versiones sobre su alejamiento de la agencia. Entre los trabajadores existe el temor de que se acentúe la censura interna, que se profundice el vaciamiento de la empresa y que, en este año electoral, la agencia -junto a Canal 7 y Radio Nacional- ahonden su papel de multimedios de la censura y la propaganda K.

Se menciona el desembarco de “La Cámpora” en Télam (lo que ya ha ocurrido en Canal 7, en donde se hicieron de la gerencia periodística). La llegada de los “jóvenes” K marca, de un lado, el fracaso oficial en el intento de prostituir a los trabajadores de la agencia nacional. Del otro, que la alcahuetería y la adulteración de contenidos y manipulación feroz de la información va a ser importada de la mano de una Télam paralela (como ya ocurriera durante la gestión K de Granovsky) que será la encargada de infiltrar los contenidos “tóxicos” en este año electoral. “La Cámpora” transformará a la agencia en una versión multimedia de “6, 7, 8” y de la gestión “militante” pasaremos a la más conocida gestión de los sueldos suculentos a la que nos tienen acostumbrados los “jóvenes camporistas”.

La bochornosa gestión kirchnerista de Télam plantea para los trabajadores la necesidad de un balance y la oportunidad de discutir los objetivos y fines que debería tener una agencia nacional de noticias. A este debate deben ser sumados los compañeros de Canal 7 y Radio Nacional, que sufren la misma censura y manipulación que se vive en la agencia.

• ¡Fuera García!

• Qué la dirección periodística de Télam sea elegida por sus trabajadores.

• 5.000 pesos de salario mínimo en mano. 35% de aumento, pase a planta de contratados y tercerizados, eliminación de las subcategorías.

La Naranja de Prensa