Un 7 de junio independiente del gobierno y los patrones

Como el año pasado en la escalinata de Crítica, este 7 de junio los trabajadores de prensa realizamos un importante acto en las puertas de Clarín, con la presencia de más de 150 compañeros, para reclamar por la libertad sindical, contra las persecuciones  patronales a la actividad gremial y por el derecho de los compañeros del diario a organizarse y tener delegados.

Como el año pasado en la escalinata de Crítica, este 7 de junio los trabajadores de prensa realizamos un importante acto en las puertas de Clarín, con la presencia de más de 150 compañeros, para reclamar por la libertad sindical, contra las persecuciones  patronales a la actividad gremial y por el derecho de los compañeros del diario a organizarse y tener delegados.

Como el año pasado en la escalinata de Crítica, este 7 de junio los trabajadores de prensa realizamos un importante acto en las puertas de Clarín, con la presencia de más de 150 compañeros, para reclamar por la libertad sindical, contra las persecuciones  patronales a la actividad gremial y por el derecho de los compañeros del diario a organizarse y tener delegados.

Al igual que hace un año, el acto fue convocado por las cuatro agrupaciones opositoras que formamos el Frente de Unidad en las últimas elecciones del gremio: la Naranja, la Gremial, el Colectivo y la Violeta. El carácter unitario del acto no borra, sin embargo, las diferencias de posiciones entre las agrupaciones convocantes.

En el debate previo al lanzamiento y luego en el propio acto, se manifestó una tendencia a convertirlo en una actividad K, a la que La Naranja se opuso con firmeza. Esa orientación, que desvirtuaba el sentido del acto, se plasmó inicialmente, en la posición de que la actividad estuviera exclusivamente en manos de un pequeño grupo de ex delegados y trabajadores del diario encabezados por Pablo Llonto quien, a su vez, pertenece a la agrupación El Colectivo, como otros de los integrantes del grupo.

El planteo, sostenido por El Colectivo, dejaba a las agrupaciones la posibilidad de adherir, pero no hablar.

Eso suponía disolver a las corrientes del gremio que todos los días peleamos en las empresas contra la prepotencia patronal y por la defensa de los intereses de los trabajadores, que realizamos una enorme campaña de movilización en defensa de los compañeros de Crítica, que peleamos por las paritarias para todo el gremio de prensa, que nos movilizamos masivamente cuando la patota de Pedraza asesinó a Mariano Ferreyra.

Esto para colocar el acto en el terreno del enfrentamiento entre el gobierno y Clarín, dadas las posiciones que defiende Llonto, en particular, quien, entre otras cosas, sostiene, al igual que el canciller Héctor Timerman, que los trabajadores del diario tienen que dejarlo e irse porque, de lo contrario, le están haciendo el juego a los Noble y Magneto.

La Naranja se opuso firmemente a esta orientación. Dijimos que el acto debía estar en manos de quienes militamos todos los días en el gremio, de las agrupaciones donde se nuclean el activismo y los actuales delegados de la mayoría de las grandes empresas de Prensa.

Sostuvimos en las reuniones y en el acto (donde tuvimos que detener la emisión de jingles K),  que aquel debía ser de independencia respecto del gobierno y de todas las patronales, oficialistas y opositoras, estatales y privadas. Que se debía reclamar por el derecho a organizarse para todos los compañeros del gremio, que debía denunciarse la censura férrea que hoy existe en los medios privados y en los estatales.

Y que el acto debía mostrar una solidaridad plena con la lucha que llevan adelante los compañeros de Radio Nacional, contra la patronal-estado y que ese día iniciaban un paro de 48 horas por reclamos salariales.

Nuestra intervención en el acto marcó claramente esta perspectiva. Plantemos allí también una gran campaña por la libertad del periodista sueco-colombiano Joaquín Pérez Becerra, entregado por Hugo Chávez al gobierno paramilitar colombiano.

Y el apoyo a la lucha del compañero gráfico Pablo Viñas, que venía peleando desde hacía siete años por su reincorporación a AGR, del grupo Clarín y que finalmente volvió a entrar a trabajar en la empresa, como resultado de una enorme movilización de los trabajadores gráficos y una fenomenal batalla legal.