Un desagravio a los compañeros de Télam

El nuevo presidente de Télam, Martín García, declaró en una entrevista con el diario La Nación (21/11) que los periodistas “son como las prostitutas, escriben mentiras en defensa de los intereses de los que les pagan”. Aseguró, además, que “los militantes, en cambio, escribimos la verdad al servicio del pueblo”.

El nuevo presidente de Télam, Martín García, declaró en una entrevista con el diario La Nación (21/11) que los periodistas “son como las prostitutas, escriben mentiras en defensa de los intereses de los que les pagan”. Aseguró, además, que “los militantes, en cambio, escribimos la verdad al servicio del pueblo”. No conocemos lo que García piensa de las prostitutas, porque es sabido que para los K son ‘trabajadoras sexuales’, pero sí podemos concluir que el nuevo capo de la agencia oficial de noticias del Estado prefiere tener bajo su dirección a sus ‘militantes’ antes que a trabajadores de prensa que no piensan como él. García finge olvidar que los trabajadores de Télam perciben un salario por la tarea que realizan en la agencia, es decir que no están ahí por una elección ideológica. Les cabe las generales de la ley para los trabajadores: por un lado, la compulsión a emplearse para mantenerse a sí mismos y sus familias, por el otro la necesidad de organizarse para combatir la explotación resultante -con la distinción de que el trabajo de periodista incluye su ideología. Debido a esto último, un trabajador de prensa no puede ser obligado a escribir en contra de sus convicciones -ni estas convicciones son causal de despido.

En ese contexto, el que García, en tanto la patronal, los convoque a militar no es una convocatoria a la verdad, sino que opera en el transfondo de una imposición social -o sea que es una coacción ideológica. Es decir que su convocatoria ‘militante’ es una convocatoria, precisamente, a la prostitución. García quiere convertir la sujeción salarial en una sujeción personal, y a la ideología del trabajador de prensa en una mercancía. Quiere hacer explícita la manipulación que los medios de comunicación empresarios tienen implícita: el manejo de la información en función de sus intereses de clase. García, por un lado, y los monopolios privados, por el otro, pretenden que los trabajadores de prensa sean convidados de piedra a través de esta sujeción personal o mercantil. Pero sólo lo logran a medias, porque los trabajadores de prensa a través de su sindicato o sus delegados gremiales, ponen límites a este despotismo -salvo cuando, como ocurre con la UTPBA, está al servicio de las patronales.

El sindicato debería poner límites a la explotación social y asegurar, mediante la agitación y la denuncia, la independencia de los trabajadores de prensa. No es casual que las leyes de medios no tengan, en la mayoría de los países, disposiciones que aseguren la libertad de convicciones de los periodistas. Entre estos puede haber, y efectivamente hay, numerosos trásfugas, pero como ocurre en todos lados, los buenos son muchos más que los pervertidos. García quiere militantes, pero ni se le ocurre que los tiene bajo su mirada: son los activistas de Télam y el conjunto de la organización sindical de la agencia.

Las “mentiras” de los medios, que denuncia García, son responsabilidad de las patronales, sean estas estatales o privadas, que tienen, para ello, un aceitado mecanismo: el monopolio de lo que se dice o no; de lo que se destaca o minimiza; una jerarquía que, como tal, no integra el ramo de los trabajadores de prensa ni tampoco el del periodismo independiente -porque también es asalariado. Por eso, si García quiere, de nuevo, militancia, la Naranja de Prensa plantea que se inicie un proceso de debate asambleario en Télam para que sean los trabajadores los que decidan qué contenidos producirá la agencia, con qué criterio, para qué fines. No es esto lo que García busca con sus declaraciones: él viene a completar la tarea de vaciamiento y censura que inició Martín Granovsky. Ante La Nación, salió a marcar la cancha para poner a la agencia a tono con Radio Nacional y Canal 7 en un año electoral. Se sabe que ambos medios se preparan para jugar un rol clave en la propaganda oficialista. En Radio Nacional decidieron suprimir las transmisiones de fútbol en 2011 para dar lugar a los programas políticos. En el 7 comenzaron a llover las circulares y disposiciones que preanuncian que la campaña estará en el centro de los contenidos. Los trabajadores de Télam, como contra el gobierno de la Alianza, tienen en agenda, entonces, un nuevo intento de integración de la agencia a un multimedios, en este caso un multimedios de la censura y la propaganda electoral K. En aquella oportunidad, la victoria de los compañeros contra De la Rúa y Lopérfido provocó un alza en la correlación de fuerzas a favor de los trabajadores que se reflejó en la libertad de expresión y el control del lugar de trabajo. Como resultado, la agencia tuvo la cobertura más independiente y rigurosa que se haya visto sobre el proceso del Argentinazo. Hay que ir por otra primavera. La referencia de Martín García a la prostitución es, además, un agravio para todo el gremio de prensa; el gremio de José Luis Cabezas no va a dejar pasar este insulto, como no dejó pasar el asesinato de Mariano Ferreyra y se movilizó como pocos, como tampoco dejó pasar la patoteada de la UTPBA a Tomás Eliaschev, ni ninguno de los atropellos a los que son afectos las patronales y el Estado que defiende García. Hay que repudiarlo. La Comisión Interna de Télam tiene planteado pronunciarse y convocar a una asamblea urgente para que los compañeros también se expresen y resuelvan las medidas de defensa que les parezcan convenientes:

• Pase a planta de contratados y tercerizados

• Eliminación de subcategorías

• Plus por pérdida inflacionaria para fin de año.

Hay mucho por lo que militar.