Ni con uno ni con otros

El conflicto entre el gobierno y el campo ha inundado los medios desde hace más de tres meses. A los trabajadores de prensa, y al conjunto de los trabajadores del país se nos llama a tomar partido por uno u otro bando, en una pelea que tiene como único motor la apropiación de una suculenta suma de dólares que generan los sufridos y explotados trabajadores del campo.

El conflicto entre el gobierno y el campo ha inundado los medios desde hace más de tres meses. A los trabajadores de prensa, y al conjunto de los trabajadores del país se nos llama a tomar partido por uno u otro bando, en una pelea que tiene como único motor la apropiación de una suculenta suma de dólares que generan los sufridos y explotados trabajadores del campo. Unos la quieren para afrontar los más que abultados vencimientos de la deuda externa de los próximos dos años y seguir dando subsidios a los empresarios amigos y otros para enriquecerse sin límites, aprovechando los altos precios internacionales de los productos primarios.
No se sostiene la demagogia del gobierno cuando dice que, con las mayores retenciones, quiere evitar aumentos en los precios de los productos de primera necesidad. Esto en el marco de una inflación tolerada y escondida, con el falseamiento de los datos, que ya supera el 25% anual.
Tampoco se sostiene la demagogia oficial del plan de hospitales y viviendas sacado de la galera cuando los centros de salud se caen a pedazos, no tienen insumos y el déficit de viviendas se cuenta por millones y nada se hace para enfrentar el desastre sanitario ni las necesidades de la población de contar con una vivienda digna.
Y no se sostiene la demagogia de la Sociedad Rural, de Carbap y aún de la Federación Agraria, que se rasgan las vestiduras por los “pequeños productores” y “los pueblos del interior que viven del campo”. Los grandes productores que se agrupan en la Sociedad Rural y también en Carbap han sido históricos verdugos de los pequeños, a los cuales desplazaron de los campos comprándoles sus tierras en tiempos de crisis.
Por supuesto que mucho menos les importan los “pueblos del interior”, comenzando por el más de un millón de trabajadores agrarios que trabajan en sus campos masivamente en negro y que cobran sueldos de miseria, aunque hoy los precios de los cereales estén por las nubes y los capitalistas que están asociados y que dirigen las entidades agrarias tengan cada vez más llenas sus cuentas bancarias.
Son responsables de la expulsión de campesinos, de la contaminación del suelo y de la superexplotación de los obreros del campo y quieren desarrollar un capitalismo agrario de los Monsanto, Cargill, Dreyfuss, Respsol, Nidera, Molinos, Aceitera General Deheza, Cresud, Grobocopatel.
Por su parte, los capitales que apoyan al gobierno son autores y actores del saqueo de la riqueza nacional –y no pagan retenciones a la exportación- en la minería, la industria automotriz, la pesca y los frigoríficos. También en la siderurgia (Techint), en el aluminio (Aluar), en los transportes (los Taselli) y en la energía (Pampa Holding y el grupo Ezquenazi), entre varios otros.
Por eso llamamos a los compañeros del gremio a darle la espalda a ambos bandos.
La crisis que han generado nos golpea, como a todos los trabajadores, con el desabastecimiento y el alza constante de los precios. Pero ni desde la CGT, ni la CTA ni ninguno de los sindicatos (incluída la UTPBA), se escucha un planteo independiente, que refleje y defienda los intereses de los trabajadores.
Desde la Lista Naranja convocamos a los trabajadores de prensa a abrir un amplio debate sobre la crisis y sus consecuencias.
Es que, además, lejos ambos bandos de ser un reflejo de los intereses populares, estimulan salidas de fuerza. Desde el gobierno se aprovechan las críticas al “campo” para demonizar todo tipo de protesta activa, los piquetes, los cortes de ruta (“esas no son formas democráticas”, dijo la presidenta) y se quiere favorecer una mayor concentración de poder para volcarlo contra las manifestaciones populares, como ya sucediera con varios conflictos (patotas y represión en el Casino, el Subte, la Línea 60, entre otros).
Del otro lado, se aprovecha el conflicto del campo y el creciente descrédito del gobierno para avanzar en un reagrupamiento político que hoy pretende oponer el Congreso al Ejecutivo y que tiene objetivos claramente antipopulares.
Los trabajadores de prensa no podemos quedarnos entrampados entre las dos variantes patronales. Nuestro lugar está junto al conjunto de los trabajadores, en una salida independiente y por la defensa de nuestros intereses.