Hay que recuperar el sindicato. Esta conducción no da para más

El bloqueo al funcionamiento del sindicato como organización de lucha de los trabajadores; la negativa a convocar a paritarias para que tengamos un convenio único con salarios mínimos por categoría (como tiene la inmensa mayoría de los trabajadores sindicalizados), el sabotaje a la intervención del gremio en apoyo a los conflictos y el consiguiente aislamiento de las luchas forman parte de una política consciente de vaciamiento, que ha convertido a la UTPBA en una cáscara vacía, de simple utilización para el beneficio de las camarillas y en un terreno de inevit

El bloqueo al funcionamiento del sindicato como organización de lucha de los trabajadores; la negativa a convocar a paritarias para que tengamos un convenio único con salarios mínimos por categoría (como tiene la inmensa mayoría de los trabajadores sindicalizados), el sabotaje a la intervención del gremio en apoyo a los conflictos y el consiguiente aislamiento de las luchas forman parte de una política consciente de vaciamiento, que ha convertido a la UTPBA en una cáscara vacía, de simple utilización para el beneficio de las camarillas y en un terreno de inevitables luchas internas por los espacios de poder, por las prebendas y por la plata. Cuando esta última empieza a faltar, la crisis se acentúa. Hace más de quince años que no se reúne el Cuerpo de Delegados y ya nadie recuerda en el gremio cuándo fue la última vez en que se realizó una asamblea general para analizar y tomar resoluciones sobre los problemas fundamentales -y graves- que afectan a los compañeros de prensa. Ni los más de 30 días de huelga en Télam ni los 43 de Perfil conmovieron a la burocracia. Jamás convocó al Cuerpo de Delegados para organizar medidas de apoyo a esas luchas. Es un vaciamiento poco común, aun en el marco de una burocracia sindical como la de la CGT y la CTA, que le escapan como a la peste a la participación de los trabajadores y que también tienen una activa política de vaciamiento de los sindicatos. Así, la vida gremial en prensa se limita a las empresas donde los compañeros han puesto en pie comisiones internas combativas, las que han jugado y juegan un papel fundamental a la hora de organizar la lucha por aumentos de salarios y en defensa de las condiciones laborales. También desde las empresas han surgido las medidas de apoyo más importantes a las luchas de las distintas empresas del gremio. Con la bajísima afiliación en las empresas, la pérdida de la “teta” de la Obra Social, porque miles de compañeros se cambiaron a otra o a una prepaga, el pago de deudas (préstamo del Banco Mundial incluido) y la dilapidación de los ingresos a lo largo de muchos años, la caja interna está más flaca. Y esto seguramente acelerará la inevitable descomposición de la burocracia, que ha mostrado recientemente algunos de sus aspectos más negros con el intento de proscripción de nuestra lista en las últimas elecciones y la agresión física a los compañeros de Perfil. El gremio no puede ni debe asistir pasivamente a esta destrucción de nuestro sindicato. Hay que recuperarlo para los trabajadores de prensa. Los delegados combativos y el activismo que han luchado y luchan en las empresas deben organizarse, fijar un programa de intervención y plantearse como una alternativa a esta conducción que ya no puede dar nada a los trabajadores del gremio. Para fortalecer esta perspectiva, hay que sumarse a la Naranja.